Los deberes pendientes


Hace quince días, en esta columna, afirmé que Galicia no estaba preparada para la nueva agenda económica europea. Podría haber dicho que España también tendría sus dificultades, pero deseé centrarme en Galicia. Trataré de explicar hoy algunas de nuestras dificultades. La primera es la propia deficiencia de nuestro tejido empresarial. Tenemos grandes compañías, pero ¿cuántas superan los mil millones de facturación? Y de estas, ¿cuántas son jugadores globales? Esto es lo que hay. Los tractores van a ser compañías con liderazgo internacional, por eso, un día tras otro el presidente Sánchez busca rodearse de los grandes del Ibex. Esta es la cuestión, o lo apoyan o España se queda fuera de la reestructuración económica de Europa. Pero, ¿con quién va a reunirse el presidente Feijoo? Le llega una mesa camilla.

Es cierto que cada industria tractora generará un ecosistema, un cinturón de segundo nivel, y sí, en ese momento, Feijoo seguro que necesitará una mesa más amplia, quizás dos, pero mesas, al fin y al cabo. De esos empresarios, a muchos me los puedo imaginar ¿cuántos son tercera o cuarta generación? Volvemos a la mesa camilla. A Galicia le cuesta crear empresas, más fortalecerlas y un mundo anclar, a su tierra, a las generaciones más alejadas del fervor emprendedor del fundador. Generaciones que, por cierto, en su inmensa mayoría se forman y desarrollan fuera de su autonomía. En todo caso, no es mi objetivo hoy hablar de la sucesión de la empresa familiar en Galicia, que daría, con plena seguridad, para largo.

Pensemos que conseguimos todo lo anterior. Que tenemos al tractor, y también al segundo anillo inversor ¿Disponemos del capital humano necesario para sus fábricas?. En España hemos creado una oferta de educación superior decente, pero altamente inelástica ante las necesidades empresariales. Es decir, le cuesta responder a sus demandas. Posiblemente muchos piensen que nuestro sistema universitario resulta excesivamente rígido, pero no es de los que más.

Los eslabones más débiles los encontraremos en la formación profesional y en las certificaciones profesionales, justamente el granero donde hemos de buscar el grueso del personal cualificado industrial. Aquí, en este campo, sin que aparentemente nadie se entere, hace tiempo que nos estamos pegando tiros en el pie ¿Cómo? Por los procesos de habilitación docente.

En formación profesional es imposible dar clase sin un máster habilitante; y en las certificaciones profesionales tampoco sin un programa similar de cuatrocientas horas. En las áreas clásicas o tradicionales, no existe problema. En las de vanguardia, que se prevé que serán las tractoras, resulta literalmente imposible encontrar docentes. Y sí, ha leído bien. No existen. Los que salen de sus facultades o escuelas entran directos en el mercado laboral. Y lo que menos se plantean es decir que no a una oferta de empleo para hacer un máster de perfil pedagógico y, con ello, ponerse a opositar. Programa educativo en el que, por cierto, no podrían matricularse por falta de plazas.

El franquismo, que en su desarrollismo, pasó por una situación similar, supo solucionarlo. Quizás fueron más conscientes del problema. Adicionalmente, en Galicia, en estos campos, apenas tenemos instituciones educativas privadas, y estas son claves, ya que son las únicas capaces de crear una oferta elástica, sensible a los cambios.

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