Podemos ser optimistas


A pesar de los rebrotes, y de los múltiples augurios de que la crisis será más dura de lo esperado, a pesar de todo, este domingo solo podemos ser optimistas. No cabe otra posición. La Universidad de Oxford ha pasado, en la investigación de su vacuna, su primera prueba de fuego. Pronto desarrollará, con miles de voluntarios del Reino Unido, Brasil y Sudáfrica, un gran ensayo clínico. Si el resultado es positivo, AstraZeneca podrá estar, antes de terminar el año, produciendo dos mil millones de dosis. En paralelo, Europa ha llegado a un gran acuerdo. Grande por dos motivos, el primero es su volumen, el segundo es un aspecto meramente cualitativo: incorpora la vía de las subvenciones y las transferencias. Generará ayudas directas de modo similar a lo que haría un Estado con sus territorios. Para ello, la Comisión Europea acudirá a los mercados, allí obtendrá financiación, y después transferirá una parte de esos fondos a las naciones europeas. Este es el gran avance cualitativo. Aunque algunos aún no se hayan dado cuenta, hemos creado un departamento del Tesoro, algo que tienen todas las naciones del mundo, pero del cual carecíamos, esencialmente porque no somos una nación ¿Lo somos, ya? No, pero tenemos un sesgo de unidad política que no teníamos el anterior domingo. La semana pasada, éramos un mercado único con política monetaria. Hoy, lo seguimos siendo, pero con una gran verdad, que seguro se volverá transversal: o avanzamos unidos o no avanzamos.

España e Italia han aprendido que sus políticas económicas, mientras no tengan una situación de superávit presupuestario, no se pueden alejar de las transversales de la UE. Las pequeñas naciones del norte han entendido que sin los 130 millones de clientes del sur no pueden vivir. Aprendizaje mutuo. Aún reconociendo que se puede ver con simpatía muchas de las reformas que para España quisieran los gobierno frugales y que se puede reconocer que si no las hemos hecho ha sido por falta de valentía política, lo cierto es que su supremacismo intelectual, en más de una ocasión, es insoportable. Miembros de la Oficina de Análisis de Política Económica de Ministerio de Economía de Holanda han llegado a afirmar que Holanda es responsable del 15% de la evasión fiscal global, unos veintidós mil millones de euros. Luxemburgo se ha convertido en parada y fonda de todas aquellas Instituciones de Inversión Colectivas que abandonan España o Irlanda, que ha encontrado su desarrollo económico en una estructura fiscal diseñada para promover la deslocalización de las empresas europeas hacia su territorio. Todo lícito, hasta que un día los grandes decidan que hay que tapiar determinadas grietas del sistema. Lo que sí va a tener que convocar Sánchez es un nuevo proceso electoral. Estamos ante un rescate colectivo del sur, pero rescate al fin y al cabo, y por un importe superior al de 2012. Cerca de 70.000 millones serán condicionados a una agenda reformista, que posiblemente pasen por homogeneizar los tipos del IVA, ajustes en el sistema de pensiones y mayor flexibilidad laboral. Por el camino no es descartable algún que otro ajuste de las nóminas de los funcionarios públicos. Demasiadas medidas y de gran calado. Lo más sensato serán elecciones a finales del 2021 y abrir la etapa legislativa de las grandes reformas económicas.

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