Emprender en tiempos de coronavirus

El 45 % de los gallegos que pensaban iniciar un negocio lo hicieron, pese a la crisis sanitaria. Algunos abrieron sus persianas justo cuando otros las cerraban, en pleno confinamiento


La incertidumbre y la preocupación por su futuro marcan ahora mismo el ritmo empresarial en Galicia, sobre todo el de las firmas que se vieron obligadas a paralizar su actividad por el coronavirus, un 40 % del total. Es una de las conclusiones del informe La situación del emprendimiento en Galicia ante la crisis del covid-19, elaborado por GEM Galicia, grupo de trabajo formado por expertos de las tres universidades gallegas y dirigido por la profesora Isabel Neira Gómez. Pese a la cruda realidad que se refleja en el estudio, hay un dato positivo que tiene que ver con el emprendimiento. Y es que sus autores, basándose en las encuestas que hicieron para el Observatorio del Emprendimiento de España, constatan que el 45 % de los que tenían pensado poner en marcha un negocio, no se echaron atrás por la pandemia y continúan con su proyecto, aunque en muchos casos, adaptado a la nueva realidad. Y pese a esa incertidumbre, el 94 % de los emprendedores siguen viendo oportunidades para crear empresas. Identificar los nichos de mercado en un panorama todavía desconocido es la clave para dar con la gallina de los huevos de oro.

Puede sorprender que en una situación tan delicada y con una caída tan fuerte de la economía y del empleo haya quien esté pensando en poner en marcha una empresa. Pero así es. A lo largo del confinamiento se fueron madurando una serie de iniciativas en Galicia que dieron lugar a que, una vez superada la paralización total de la actividad, entre los negocios que reabrían sus puertas apareciesen, como brotes verdes en las calles comerciales gallegas, nuevos proyectos empresariales. Son valientes emprendedores en tiempos de coronavirus.

«¿Valientes? Yo los llamaría osados», asegura Alberto Vaquero, profesor de la Universidade de Vigo, especialista en economía pública y uno de los autores del informe. «Ser emprendedor en España es una tarea de alto riesgo. No es fácil, y enfrentarse al covid-19 tiene todavía mucho más mérito». Y sin embargo, ese dato optimista que aporta el estudio no le sorprende. «Para el emprendedor, que es una persona valiente que no se arruga ante las dificultades, incluso puede ser un aliciente». Cree, con todo, que como a la mayoría de los empresarios, la nueva situación les obligará a reorientar sus planes y a bucear entre las nuevas demandas del mercado. «Que las hay; por poner un ejemplo, restaurantes y gimnasios, que ven a necesitar que los asesoren en seguridad en el trabajo. O el sector primario, que fue el que mantuvo a la gente confinada en la pandemia y que nunca estuvo bien valorado en Galicia».

Los nubarrones sobrevuelan, y sin embargo, cada vez hay más expertos que se atreven a decir que, si no hay una recaída en la crisis sanitaria, es posible que los efectos en la economía no sean tan graves como se vaticinaba. Por eso, el profesor Miguel Vázquez Taín, presidente del Consello Galego de Economistas, aplaude estas iniciativas empresariales. «Pese a que los datos del paro son malos, albergan cierta esperanza, y hay indicios de reactivación en el uso de las tarjetas de crédito y de las compras. Yo los animo a tirar para adelante, los proyectos de inversión no pueden estar hibernados mucho tiempo».

«Yo estoy en modo zen, animada; confío en el boca a boca» 

«Gordas y mayores, ¿quién nos iba a querer contratar?». La gracia y la garra con la que Curru Barreiro explica cómo ella y su hermana Carmen se decidieron a abrir un comercio ante las dificultades del mercado laboral cuando quedaron sin trabajo, pese a que ellas llevaban toda una vida detrás de los mostradores de Santiago, dan idea del tesón de estas emprendedoras que no dudaron, por dos veces, en navegar contracorriente. La primera, hace siete años, cuando inauguraron la tienda de ropa Cousalinda en O Milladoiro. Y la segunda, ahora, cuando en plena pandemia reabrieron en el casco antiguo de Compostela, con sus clientes confinados y los peregrinos alejados del Camino. No se arrepintieron, pese a que ni siquiera imaginasen, cuando encontraron el bajo, que la relación con sus clientes se retomaría rodeadas de mascarillas y geles desinfectantes. Por ahora, las cosas no les van mal. «Yo estoy en modo zen, animada -dice Curru-. Confío en el boca a boca; la gente nos conoce, entra y compra algo. ¡Y en unos días empezarán a llegar los turistas!».

«Este era mi sueño, no me iba a echar atrás por la crisis» 

Daouda Sene ya regentaba una pastelería en Senegal, y al llegar a Vigo, tras un periplo por Francia, no se desanimó por desconocer el idioma o la legislación. Se sacó la ESO y estudió formación profesional a la vez que trabajaba en diferentes panaderías, siempre con un objetivo muy claro: abrir su propio negocio. Por fin, dio con Bellavista, cuyos dueños se jubilaban. «Firmamos el traspaso el 1 de abril, en plena pandemia. Me dejaron el local el día 15 y el lunes 20, abrí». Mientras otros echaban la persiana, él la subía. Y al ser su proyecto una actividad esencial, pudo hacerlo en pleno confinamiento. «Eso me dio coraje, saber que yo sí podía abrir». A Daouda le apasiona lo que hace; aprendió los secretos de la repostería tradicional gallega, como la bica o el roscón, pero confía en su producto estrella, el cruasán francés que está conquistando a sus clientes. Y no le va mal, ya tuvo que contratar a una empleada. «Este era mi sueño, no me iba a echar atrás por la crisis. Tengo un sentimiento de satisfacción personal por elaborar productos que la gente disfruta».

«Estabamos coa obra e que íamos facer? Pois para adiante!» 

Logopeda por profesión y emprendedora por vocación, Isabel García ya regentaba una clínica con cuatro compañeras. Pero se le hacía pequeña y quería añadir servicios como pediatría, psicología, cardiología, psicopedagogía, terapia ocupacional, nutrición y podología —entre otros—, de la mano de grandes profesionales, así que en cuanto encontró el local adecuado, se puso manos a la obra. «Cando empezamos xa se falaba do coronavirus, pero non se pensaba que ía ser unha pandemia. O confinamento chegou cando estabamos coa obra, e que íamos facer Pois para adiante! De non ser por iso, ao mellor esperaba un pouco, a ver como quedaba todo!». Está contenta, porque ella ya llevaba su clientela, pero los demás profesionales también recibieron pacientes nada más abrir consulta. Y eso que las circunstancias les impiden estar al cien por cien, porque hay gente que todavía tiene miedo y pospone las citas. Cuando echa la vista atrás, prefiere reírse de sí misma. «Non é que os demais me chamen atrevida, e que xa mo digo eu; atrevida e aloucada». 

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