El país del cambalache monetario

Guillermo Redondo BUENOS AIRES / LA VOZ

MERCADOS

Aitor Pereira

El control impuesto por el Gobierno argentino al cambio de divisa extranjera genera una cotización del peso oficial irreal y dispara los valores paralelos con hasta 9 tipos de dólares distintos

16 feb 2020 . Actualizado a las 05:14 h.

El dólar en Argentina es históricamente el objeto de una lucha constante. Los ciudadanos que pueden ahorrar prefieren hacerlo en la divisa extranjera antes que en la nacional por un hecho simple: las continuas devaluaciones de la segunda. Por ello, el Gobierno trata de «desdolarizar» la economía y obligar a la gente a ahorrar en pesos argentinos. El resultado de esta estrategia no ha sido el esperado. Al contrario, ha provocado la creación de nuevas vías para adquirir moneda extranjera, con lo que hasta el momento son nueve los tipos de dólares distintos que pueden adquirirse en el país.

Desde la convertibilidad -10.000 australes por cada dólar- de finales del siglo XX, seguida inmediatamente después por el peso convertible (una divisa local por cada dólar) y el posterior corralito, los argentinos parecen querer cubrirse frente a cualquier decisión de la política monetaria o financiera que adopten las autoridades.

El peso pierde valor constantemente al no ser confiable. Nadie los quiere. Los ciudadanos buscan resguardarse en monedas fuertes y la solución no parece sencilla por mucho que el Gobierno trate de obligar a la gente a evitar la compra de divisa extranjera. El último paquete de medidas impulsado por el Ejecutivo pasa por imponer un cepo que prohíba la adquisición de dólares y dar beneficios fiscales a quienes ahorren en pesos.

En la actualidad, el dólar oficial, que debería regir en circunstancias normales, está secuestrado en 63 pesos, pero es un valor irreal. La venta oficial es prácticamente nula, limitada por un nuevo cepo, la prohibición de adquirir más de 200 billetes verdes por persona y por mes, algo que impulsó el Gobierno de Macri días antes de dejar el palacio presidencial en un momento de absoluta volatilidad y algo que ya sucedió en la última etapa del kirchnerismo. Esta limitación provocó que las ventas en el mercado de dólares paralelo incrementaran su valor.

 A partir de este, surgen otros nuevos tipos. Los últimos en aparecer son el dólar solidario y el dólar turista. Ambos golpeados por las medidas tomadas por el Gobierno de Alberto Fernández, que aplica un 30 % extra de impuesto al valor oficial tras promulgar la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva, que forma parte del impuesto para una Argentina inclusiva y solidaria (PAIS).

El dólar turista, dentro de la misma línea, es una tasa que abonan los argentinos y se aplica en los viajes o las compras en el extranjero con tarjeta de crédito o débito o para pagos que se realicen en el exterior, como pueden ser las plataformas de contenido de audio (Spotify) o audiovisual (Netflix) por Internet. Por esa tasa impositiva, el dólar solidario marca un valor actual del peso más real al oficial y es hoy en día el que sirve de referencia.

Diferencia insalvable

Y es que hay una distancia excesivamente grande entre ambos, ya que el solidario cotiza en los 81 pesos, mientras que el oficial (que no es posible adquirir) cuesta 63 pesos, esto es, una cantidad muy alejada del mercado. Una diferencia insalvable que marca un riesgo alto para la economía en el momento en el que se decida levantar el cepo al dólar oficial.

Pero existen otros tipos con los que operar en Argentina. El dólar blue, un billete que se comercializa en locales como parte externa al circuito legal, que tiene una cotización más baja que el solidario (79) y que es más factible para el ciudadano si lo comparamos con el dólar futuro; el mayorista, el dólar contado con «liqui», el dólar MEP y el de referencia, cada uno de ellos con un tipo de cambio y objetivo distinto. Todos estos productos conforman la increíble y difícilmente explicable realidad monetaria de Argentina. Un cambalache en el que viven los ciudadanos y que se acentúa en las etapas de crisis económica.