La España «financieramente» vaciada


Responsable de Banco Mediolanum en la zona norte de España

¿A quién no le gusta escapar del mundanal ruido y perderse por esos maravillosos pueblos de Galicia? Yo me crie en uno pero, gracias a mi profesión, a lo largo de los años he recorrido muchos otros. Y por mi experiencia, cuanto más pequeños son los pueblos, mayor es el número de experiencias que ofrecen: buena comida, gente amigable, naturaleza, tranquilidad y calidad de vida...

Sin embargo, también es cierto que en los últimos años hemos asistido a un proceso paulatino de abandono de esos municipios más pequeños. Muchos de mis clientes me cuentan apesadumbrados que han cerrado alguno de los servicios del pueblo, o que van a cerrar alguna tienda, o la oficina bancaria que también necesitan las personas que han optado por este tipo de vida. La España vaciada de la que no hace mucho se ha empezado a hablar también tiene un aspecto financiero, ese que ha dejado sin acceso a una oficina bancaria a un número importante de gallegos.

El propio Banco de España puso cifras a esta situación en el informe Cierre de oficinas bancarias y acceso al efectivo en España. Según sus datos, en Galicia el número de oficinas de entidades bancarias ha disminuido en el período 2008-2017 un 37 % y se han perdido por el camino 917 sucursales, para quedarse con un total de 1.564. Y han seguido cerrando: hoy ya son menos de 1.500. 

Como consecuencia, en este momento se contabilizan más de 40 concellos gallegos que carecen de una sucursal de banco. La provincia de Ourense es la que cuenta con el mayor número de poblaciones desbancarizadas, seguida de Pontevedra, A Coruña y Lugo. Municipios como Piñor, Baltar, Arnoia, Monterrei, Ribas de Sil o Lousame son algunos de esos desiertos bancarios que hacen que Galicia tenga en estos momentos menos sucursales de banco que hace 40 años.

Hay que reconocer los intentos de buscar soluciones, como las iniciativas para la instalación de cajeros automáticos en estos pueblos, con el fin de garantizar el acceso al efectivo de sus vecinos. Sin embargo, como recuerda el propio presidente de la Federación Galega de Municipios, no basta con poder sacar dinero ya que, como él mismo afirma, «es fundamental el asesoramiento financiero»

Aportar soluciones

Recordemos que la gente que vive en estos pueblos son sobre todo personas mayores y pequeños empresarios que necesitan un asesoramiento cercano y a su medida en relación con sus necesidades reales de ahorro e inversión, es decir, que se les den soluciones que los apoyen en su forma de vida.

Durante años la sucursal bancaria realizaba en estas localidades una labor de socialización que iba mucho más allá de la simple dispensación de efectivo. Como me contaba un cliente, para su abuelo, que vive en la zona de los Ancares, era muy importante el hecho de bajar al banco, porque era una manera de cambiar la rutina diaria y de sentir que alguien lo escuchaba. Por supuesto, el fin principal era hablar de los ahorros y de la mejor manera de gestionarlos, pero también había tiempo para hablar de los nietos y de la vida en general.  

Esa es la función del asesor financiero: conocer a fondo al cliente y sus necesidades vitales, sus objetivos y sus metas con el fin de acompañarlo y apoyarlo en la planificación adecuada de sus ahorros para que pueda afrontar de la mejor manera y con la máxima serenidad las diferentes etapas de su vida. Asesorar, sí, pero también es necesario, hoy más que nunca, cultivar y mimar la relación con las personas. Escuchar mucho a los vecinos que viven en estos pueblos y que, en plena era de las comunicaciones y el desarrollo tecnológico, están cada vez más aislados.

A esas personas no se les puede decir simplemente que hagan todas sus gestiones por Internet (porque muchos no tienen un buen acceso por falta de infraestructuras de telecomunicaciones), no se les puede pedir que paguen con tarjeta (porque su hábito es el de tocar el dinero), y no se les puede decir que la oficina más cercana está tan solo a unos kilómetros (porque muchos no tienen ni siquiera coche). La tecnología es útil y muy necesaria, pero muchas veces no es suficiente. Por eso nadie les puede pedir que renuncien al contacto personal, al trato directo con una cara conocida, con una persona de confianza, con ese asesor que te conoce perfectamente y al que conoces de sobra. Esa persona que, además de aconsejarte sobre las finanzas familiares y de ayudarte a planificar el futuro, también se interesa por ti, por tus hijos, por tu día a día, por tus sueños.… Por eso creo que, si hablamos de dinero, nunca podremos prescindir de las personas. 

Canales de información

Es cierto que, aunque desaparezca la oficina, a los clientes se les ofrece atención telefónica, acceso través de la web, aplicaciones móviles y todos aquellos canales que faciliten su relación con el banco. Pero el asesoramiento financiero no puede prestarse sin las personas. 

En este contexto, el asesor financiero y las entidades que apuesten por esa figura profesional son una pieza perfecta para paliar los efectos del cierre de oficinas y de la falta de asesoramiento. Es cierto que los clientes ya no acudirán a la oficina del banco para realizar las gestiones, pero contarán con un profesional que se desplace al lugar que prefieran y a la hora que más les convenga, un asesor que los conozca, que los escuche, que sepa cuáles son sus necesidades, que los acompañe en la toma de decisiones sobre la economía familiar y la planificación de sus finanzas. Y todo ello, independientemente del tamaño del lugar en el que vivan, porque los que viven en los pueblos pequeños también tienen derecho al mejor asesoramiento financiero. Así he recorrido y conocido gran parte de nuestra comunidad. Visitando a mis clientes en la aldea, ciudad o pueblo en que viven. Esté donde esté.

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