Fusión por conocimiento


Director general de Cesuga

Ignoro si algún día veremos a un gallego en la Luna. Todo es posible, pero lo que sí veo probable es que Vigo se llene de Maseratis. Y no porque los gallegos multipliquemos por tres o por cuatro nuestro nivel de renta, sino porque a la vuelta de esquina está que la ciudad olívica pase a ser uno de los polos productores de un nuevo grupo automovilístico, el PSA-FCA. Pensaremos con ello que esta alianza crea uno de los mayores grupos automovilísticos del mundo, y estaremos en lo cierto, el cuarto, 8,7 millones de vehículos, pero sustancialmente más pequeño que los tres primeros, Volkswagen, Renault-Nissan-Mitsubishi y Toyota. La triple corona mundial se mueve en una estrecha horquilla que va desde los 10,8 millones de Volkswagen hasta los 10,5 millones de Toyota.

El sector del automóvil está inmerso en un profundo proceso de transformación, en unos casos vía fusión (FCA-PSA), absorción (PSA-Opel) o alianzas estratégicas. Ford y Volkswagen sería un buen ejemplo de las últimas. Justamente los retos manifiestos de esta alianza sirven para explicar aquello que preocupa y/o determina el sector: electrificación y vehículo autónomo.

La Unión Europea está liderando su propia lucha contra el cambio climático, y quizás no se equivoque en su empecinamiento, ya que su obstinación ha provocado que una buena parte de las grandes capitales piensen ya en verde. La vieja Europa, en su lucha contra las emisiones de CO2, está rejuveneciendo año tras año. Industrias vinculadas al carbón o al petróleo están adquiriendo, a toda la velocidad que les da su cuerpo económico, plantas de energía renovable. Y el automóvil no se escapa de este nuevo paradigma, en donde destaca, por eficiente, Toyota.

A partir del uno de enero del 2021, la Unión medirá las emisiones medias de los coches de cada fabricante producidos el año anterior. Es decir, las emisiones medias de todos los coches producidos por el grupo FCA-PSA durante el 2020 serán analizadas en el 2021 y en la medida en que superen los 95 gramos de CO2 por kilómetro serán multados. ¿Cuánto? 95 euros por coche y gramo de emisión en el que se exceda. Si se fabrican 8,7 millones de coches y se producen 100 gramos, el exceso sería de 5 gramos que, multiplicado por el número de vehículos, daría una sanción de 475 euros por vehículo producido. Está claro, por tanto, que estamos sometidos a una carrera, pero no por mejorar los niveles de productividad de las cadenas, que también, sino por avanzar en el vehículo de emisiones cero.

El mundo está inmerso en una contrarreloj para reinventar el sector del automóvil. En el 2025, las emisiones no deben superar los 80 gramos de CO2 y en el 2030, los 65 gramos. Tarea compleja, máxime para Fiat, que en el 2018 se movía en 119 gramos y algo más sencilla para Peugeot, que se situaba en 107 gramos. Parece que las sinergias están claras y los beneficios también. El siglo XX nos enseñó que las fusiones servían para alcanzar economías a escala, pero la transición ecológica nos mostrará que la meta, ahora, es la transferencia y la integración del conocimiento. Un ejemplo de ello es la fábrica de Renault en Valladolid. Sus motores se instalan en Renault, Dacia, Samsung, Autovaz, Nissan y Mercedes Benz. Esta es la pelea. Por eso, aunque muchos digamos Citroën Vigo, y lo seguiremos diciendo toda la vida, el concepto está a extinguir. La marca deja de ser tecnología, que pasa a reinar como un elemento transversal multimarca, y se convierte en un eslabón más de la customización.

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