La tecnología pide a gritos que le paren los pies. Es la hora de las humanidades

Pese a la obsesión de las empresas por los profesionales digitales, los grandes creadores de los sistemas de IA aseguran que los conocimientos tradicionales serán indispensables en esta era. Filósofos, juristas, lingüistas o historiadores tendrán un papel protagonista para contener los sesgos de los algoritmos


Redacción / La Voz

A finales de los setenta, Geoffrey Franglen, el vicedecano de la Escuela de Medicina del londinense Hospital St. George’s, decidió diseñar un algoritmo para agilizar las solicitudes de admisión de los más de 2.000 estudiantes que cada año aspiraban a matricularse en su prestigiosa facultad. Era él quien se ocupaba de tan farragosa tarea. Y se propuso automatizarla. Su idea resultó un desastre. Al cabo de un tiempo, el personal del hospital empezó a criticar la falta de diversidad de los perfiles seleccionados: casi todos eran varones y caucásicos. Las protestas desencadenaron una investigación que acabó en 1986 en la Comisión para la Igualdad Racial del Reino Unido. Franglen, seguramente sin ser consciente de ello, había creado uno de los primeros algoritmos machistas y racistas de la historia. Tres décadas después, esta amenaza es un riesgo real. Y de un impacto notablemente mayor. La proliferación de algoritmos y sistemas de inteligencia artificial (IA) que cada día intervienen, e interfieren, en la vida de millones de seres humanos ha devuelto al primer plano la importancia de disciplinas clásicas: filosofía, derecho, historia... ¿Su misión? Contener los potenciales desmanes de unas máquinas llamadas a transformar el mundo que conocemos.

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