Nuevos tiempos


Presidente de EF Business School

Las catedrales góticas, majestuosas, altivas, tenían, entre sus grandes objetivos, usar la luz como elemento escenográfico. El pueblo, analfabeto, debía leer a través de ella y, de este modo, entender, entre otras cosas, que no existe acceso directo a Dios: el camino es la Iglesia. Empezábamos a salir de la época más oscura de la Edad Media y tocaba asentar los pilares institucionales de los nuevos estados. La Iglesia era uno de ellos, el otro, la Corona y sus territorios. Las guerras eran una constante y los tesoros reales solo tenían una meta: recaudar y recaudar. La Casa Real era rica si tenía oro y plata. No existía otra máxima. La presión recaudatoria era el determinante del éxito del Estado, esta era su creencia. Lo cual no les hacía más ricos, todo lo contrario. Carlos I de España no era nadie sin la nobleza de Castilla y Felipe II iba de quiebra en quiebra. Máximo poder, máxima debilidad. Felipe IV, el padre del último de los Austrias, se volvía loco pensando cómo hacer frente a las soldadas de su ejército. Nadie encontraba la solución. Hasta que hubo un momento que escucharon otra máxima, serás rico si lo es tu pueblo, nunca antes. Esta frase retumbó en las diferentes cortes, naciendo una nueva verdad. La inteligencia administrativa le quitó un ojo a la estrategia recaudatoria y pasó a poner los dos ojos en las vías para desarrollar la sociedad civil, el tejido empresarial. Y pensará, ¿cuándo ocurrió esto? Repase la segunda mitad del siglo XVIII y el XIX, la transformación de Europa debería sorprenderle.

Hace una semana, La Voz de Galicia nos mostraba un escenario electoral complejo, cinco partidos y ninguno con capacidad para gobernar. Y si no hay fuerza política, menos hay capacidad para diseñar una política económica. Malos tiempos para la lírica, créame. Europa se enfría. Veinte mil indicadores lo muestran, y uno de ellos es el M3, es decir, la oferta monetaria. Su tasa de crecimiento en el 2015 y el 2016 estaba siempre en la débil horquilla del 5 %. Ahora tendría que ser superior, mostrando el calentamiento económico. Lo estaba esperando el Banco Central Europeo, quien actuaría subiendo los tipos. Esta era la hoja de ruta de la política monetaria europea. La realidad es opuesta, no solo no crecemos por encima del cinco, sino que ya no alcanzamos el 4 %. Estamos en la horquilla de entre el tres y el cuatro. Si está endeudado a tipos variables, tómese algo a mi salud. Imposible que crezcan los tipos si la oferta monetaria reduce su velocidad de crecimiento.

Pero los demás, empiecen a tener clara una cuestión, o reforzamos la inversión empresarial o esto se cae. O interiorizamos la máxima de que el Estado solo será rico si lo es su pueblo, o nunca abandonaremos los espacios de la mediocridad. Y si alguien tiene dudas de lo que significa, es muy evidente, el pueblo somos todos los agentes que lo componemos y, entre ellos, el sector empresarial. Las rentas familiares han de crecer, pero esencialmente por incremento de productividades y/o vaciamiento del mercado laboral, y esto solo lo puede provocar el sector privado. Y cuando hablo de empresas no estoy pensando en los grandes del Ibex. ¡Qué va! Mucho más sencillo, tengo mi mente puesta en el 94,8 % de nuestras compañías, todas ellas con menos de nueve empleados, todas ellas, microempresas. Esto es España y no el Ibex. Y si alguien puede meterle el acelerador a nuestra economía y sacarnos de estas dunas en las que parece que vamos a caer, son los tres millones de empresarios que hay detrás de esas pequeñas empresas. Ayudémosles, mejoremos su fiscalidad, proporcionémosles suelo, aportémosles el talento que necesitan, démosles seguridad jurídica, reduzcámosles la burocracia, y ellos harán rica a España, y también al Estado.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
25 votos
Comentarios

Nuevos tiempos