«La mitad de la huella de carbono de un edificio se debe a los materiales»


Redacción / La Voz

Ligero y sostenible. Así es el material que ha llevado la revolución al mundo de la arquitectura y la construcción. Una de las grandes materias primas se convierte ahora en el sustituto del hormigón. Es la apuesta del prestigioso estudio británico Waugh Thistleton Arquitecs, en el que trabaja Julen Pérez Santisteban desde el 2007. Este arquitecto completó su formación en Galicia y ahora forma parte del máster de Ingeniería de Madera Estructural de la USC. «Usamos tableros contralaminados, los CLT. Se componen de láminas colocadas en capas de 90 grados, que son encoladas y prensadas hasta convertirse en paneles macizos de gran formato. Los usamos para construir viviendas unifamiliares, edificios residenciales, públicos o industriales. Es el material de la revolución sostenible». Entre las grandes obras de este estudio destaca el londinense Murray Glove. El primer edificio alto de viviendas fabricado con CLT. También son los autores de Dalston Lane, también en la capital británica. Se trata del inmueble más alto del mundo en cuanto a volumen de madera empleado. «Defendemos la sostenibilidad y el diseño de máxima calidad. La mitad de la huella de carbono de un edificio se debe a los materiales utilizados. Con esta madera se construye de forma rápida, eficiente y en una altura. Y esto es muy importante para las ciudades que no paran de crecer».

En Waugh trabajan ahora mismo en seis obras en Reino Unido y siguen estudiando nuevos sistemas modulares de madera. ¿Pero qué tipo de madera? ¿Se cambia el hormigón por el expolio medioambiental? ¿Se desmaterializa si se hace una tala masiva? «La madera está certificada. Suele ser de conífera, sobre todo de abeto. También se hace CLT de pino en España, o incluso de frondosas. En el laboratorio Pemade en Lugo llevan años ensayando con el contralaminado de eucalipto con prestaciones muy altas. Deberíamos competir más con otros países de Europa».

El estudio de Julen defiende estas ejecuciones calculando los beneficios medio ambientales con números. Por ejemplo, en el caso de Dalston Lane han determinado que todo lo ahorrado por construir en madera equivale a las emisiones que producirá el edificio en 18 años. Ese mismo CO2, unas 7.000 toneladas, equivale a dar 300 vueltas al mundo en un coche. Además, los recortes y virutas se vuelven a utilizar para la fabricación de pellets que generan calor en la propia fábrica. «Además, es más barato. Si Dalston Lane se hubiese construido con hormigón y no con CLT, la obra habría durado 31 meses y no 23. Eso ya es un gran ahorro. Ningún cliente se convence solo por la sostenibilidad. Tienen que salir las cuentas».

En el 2017, Wauhg Thistleton recibió el premio WAF al mejor edificio religioso del mundo por el cementerio judío de Beshey. «Esto no va a suponer dejar atrás los materiales clásicos. Cada uno tiene su sitio. El problema es que usamos el acero y el hormigón por inercia. La construcción es conservadora. Hay que exigir que todos los materiales demuestren sus credenciales medioambientales. En Inglaterra ya existe el carbon tax. Paga más el que más contamina y eso favorece a la madera. Las administraciones deben contemplar la huella de carbono de los materiales y no solo las emisiones del edificio. En España no se está construyendo tanto en madera como en Reino Unido o Francia, pero cada vez hay proyectos y edificios más importantes», sentencia.

En Dalston Lane usaron 2.000 toneladas de madera. En hormigón habrían usado 12.000

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