EE.UU. y UE, dos políticas, dos efectos

El BCE ha cedido a la evidencia de la Reserva Federal e inicia la compra de deuda soberana. Una medida que pretende facilitar el crecimiento y estimular el empleo en la eurozona


El Banco Central Europeo ha decidido al fin emular a la Reserva Federal de Estados Unidos comprando deuda soberana. Aunque el objetivo declarado sea combatir la deflación, tal medida podría presionar a una devaluación del euro y facilitar el crecimiento y el empleo.

Según las últimas previsiones económicas hechas públicas por la Comisión Europea para el año que empezamos a transitar (en sus European Economic Forecast, Autumn 2014) la situación económica conjunta de los países europeos del área euro va a seguir siendo mucho menos positiva que la de los Estados Unidos. Que esto sea así tiene no poco que ver con las políticas económicas, monetarias y fiscales aplicadas desde el inicio de la actual crisis. Singularmente en lo relativo al nivel de déficit público asumido para realizar políticas más expansivas y de estímulo y menos ajustes en los salarios y en el consumo públicos. Pero también con una política monetaria que permite la financiación directa por el Banco Central de la deuda federal y una beligerancia de este último a favor del empleo y del crecimiento. Además de favorecer una devaluación competitiva del dólar respecto al euro.

Dos sendas

Con estas premisas presentamos en un primer gráfico la senda de crecimiento del PIB en los últimos años y las previsiones para el actual. Mientras puede decirse que entre los años 2007 al 2011 la caída del crecimiento económico respecto a los niveles pre-crisis habría sido muy semejante en la Europa del euro que en los Estados Unidos, bien se observa que a partir de ese año las sendas divergen de manera radical. Mientras los Estados Unidos se instalan en unas tasas anuales que superan el 2 %, las economías de la eurozona entran en recesión (2012-2013) y su salida de la misma está siendo muy lenta y frágil.

Resultados

Para el año en curso, el crecimiento económico de los Estados Unidos triplicará el de la eurozona. Con algunos matices, esta asimetría también se comprueba en el mismo gráfico entre la eurozona y el Reino Unido de la libra esterlina. Lo que vendría a confirmar que las políticas de austeridad a ultranza que abandera Alemania estarían provocando unos niveles de recuperación económica mucho más débiles que las políticas menos ortodoxas aplicadas por la Reserva Federal en Estados Unidos o el Banco de Inglaterra en el Reino Unido. Con el agravante de que países tan determinantes como Italia o Francia no alcanzarán este año ni siquiera un crecimiento del uno por ciento.

Como es fácil suponer, tal asimetría en el crecimiento económico tiene su equivalente traducción en terminos de empleo. Y así, mientras en la eurozona este año el empleo crecerá medio punto porcentual, en los Estados Unidos crecerá cinco veces más, con lo que el crecimiento del empleo norteamericano quintuplicará al de la eurozona. Ninguna de las grandes economías de la eurozona (ni Alemania, Francia, Italia o España) igualará el crecimiento medio del empleo de los Estados Unidos. Es esta una situación que puede vivirse con relativa tranquilidad desde Alemania (que tiene una tasa de paro inferior a la media de EE.UU.), pero no desde el resto de esas grandes economías europeas, economías que padecemos tasas de paro muy por encima del doble de las norteamericanas.

Tal éxito en la generación de crecimiento y empleo tiene que ver con una demanda interna o doméstica que allí tiene niveles de crecimiento de triple intensidad que en la eurozona. Una demanda no castigada por una muy elevada tasa de paro, ni por unas medidas fiscales que reducen los recursos en el bolsillo de los ciudadanos o por unos crecientes ajustes en los gastos públicos (desempleo, sanitarios, etc.).

La cifra del déficit público previsto para este año 2015 mantiene entre nosotros esa tendencia equivocada. La eurozona se sitúa (con un -2,4 %) por debajo del nivel de referencia considerado tope en nuestras políticas de estabilidad (-3 %), mientras que los Estados Unidos -un año más- hacen caso omiso a tal autoimposición (con un déficit previsto del -4,3 %). Y ello a pesar de un nivel de endeudamiento público acumulado superior al del conjunto de la eurozona en diez puntos del PIB.

Con un crecimiento de los precios y del empleo muy inferior al de los Estados Unidos, no es fácil entender que en la eurozona se persista en objetivos de déficit público mucho más estrictos que en aquel país. O que el propio Reino Unido donde se prevé que cierren este año con un déficit del -4,4 %.

Crecimiento

Ya por último, por lo que respecta al otro motor del crecimiento, la demanda externa, su aportación al crecimiento es de doble intensidad en los Estados Unidos que en la eurozona (allí con un crecimiento del 5,5 % de las exportaciones frente a nuestro 3,9 %). Este mejor resultado no es ajeno a un cambio euro/dólar que viene perjudicando nuestras exportaciones. En un segundo gráfico se recoge la evolución desde la puesta en circulación del euro.

A lo largo de los años de esta crisis (2008-2014) se observa que el tipo de cambio se situó y se mantuvo en niveles muy elevados. En torno a 1,3 dólares por euro. Cuando nuestro mejor tipo de cambio para activar las exportaciones se situaría en un dólar, lo que supondría una devaluación de casi un tercio de su valor. Solo en las últimas semanas el tipo de cambio se habría situado por debajo del valor 1,2, lo que supone una tendencia positiva para nuestra demanda externa en la que habría que profundizar.

Siempre, claro está, que el objetivo sea alimentar un mayor crecimiento económico y del empleo por parte de las nuevas políticas.

Ninguna de las grandes economías europeas igualará el incremento de empleo norteamericano

ALBINO PRADA es profesor

de Economía. Universidade

de Vigo.

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