Setas de Japón que crecen en Vilalba

La variedad shiitake se cultiva en modo ecológico en la parroquia de Goiriz


VILALBA / LA VOZ

Si a alguien le dicen que shiitake es una variedad de seta que se consume de manera abundante en Japón, seguramente creerá esas palabras; si le dicen que ese hongo no solo crece en el Extremo Oriente sino también en la Terra Chá, quizá se mostrará algo sorprendido, pero deberá rendirse ante la evidencia. Un ejemplo como el de Amanda López, que hace tres años puso en marcha una iniciativa con esa clase de setas en la parroquia de Goiriz, confirma que lo exótico va quedando atrás en algunos casos.

«Me pareció diferente», explica sobre su acercamiento a esta variedad de seta. Afirma que el mundo de la micología siempre le interesó y que la percepción de que también hay un interés cada vez mayor por estos productos la acabó de animar. En su caso la actividad se desarrolla en modo ecológico. La variedad shiitake, a diferencia de otras, no crece en montes chairegos sino que se desarrolla en invernaderos.

Para el cultivo se necesita madera, que debe estar recién cortada y en la que se mete el hongo. La de carballo, explica Amanda López, es muy apropiada, pero valen incluso especies como el eucalipto: lo interesante es que la madera sea densa, porque así la seta tendrá menos agua y se cocinará mejor. El hongo suele comprarse a laboratorios, que, dice, están avanzando en la distribución de estos productos.

Desde que se introduce el hongo hasta que se logra la primera producción, puede pasar alrededor de año y medio o dos años siempre que se den unas idóneas condiciones de temperatura y de humedad. Con este sistema, subraya Amanda López, la producción puede mantenerse todo el año, algo muy diferente de la recogida en otoño que se da en otras variedades, aunque no de modo homogéneo. Hasta ahora entrega su producción a pequeñas tiendas y a distribuidores, vendiendo a granel.

El precio puede situarse entre ocho o diez euros por kilogramo. Frente a otras que crecen al aire libre, en esta variedad, al desarrollarse en invernadero, la producción oscila menos de unas campañas a otras, y el precio tampoco se mueve tanto. Lo que sí se percibe es un interés por este tipo de producto: hay un consumidor de mediana edad o algo más joven que, subraya Amanda López, cada vez da más importancia a saber el origen de sus alimentos y tiende a elegir los producidos cerca del lugar donde vive.

En cuanto a posibilidades gastronómicas, el shiitake parece admitir tantas opciones como otros tipos de setas. Igual que el boletus, con el que se puede comparar por alcanzar un tamaño parecido, puede usarse como guarnición de carnes y de pescados o en revueltos. Amanda López admite que si la experiencia funciona según lo esperado, no descarta animarse a distribuir con envasado propio.

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