«No soy el más gracioso de mis amigos, ni de lejos»

Nuevo espectáculo de Luis Piedrahita, «Es mi palabra contra la mía». Sarria y O Grove serán los escenarios de este «íntimo» estreno del mago del humor

S. F.

En el teatro, la televisión, la radio e incluso en sus libros, el mago coruñés de rostro afable y familiar desarrolla un tipo de humor personal, imaginativo y que en ocasiones roza el surrealismo. Los días 14 y 15 de agosto acercará su ingenio y agudeza a Sarria y a O Grove en lo que será un ensayo del nuevo show que está preparando.

-¿Qué va a encontrarse la gente en estos espectáculos?

-Material que nadie ha visto antes, ni siquiera yo. Ahora mismo estoy preparando un nuevo espectáculo teatral que se llamará Es mi palabra contra la mía. Será un monólogo de humor en el que trataré de explicar por qué nadie está contento con lo que le ha tocado. Va a ser un espectáculo que estará fijo en Madrid y que girará por toda España y Latinoamérica, pero antes de nada ese material hay que probarlo. Todo ese material hay que presentarlo ante un público por primera vez. Y eso es lo que haré en Sarria y O Grove, una inauguración.

-¿Cómo definirías tu humor?

-No lo sé. Lo que sé es como quiero que sea. Me gusta el humor que se acerca a la poesía. Un humor tierno, bello, imaginativo y cuidado. Es el más difícil y el que menos abunda. Lo echo de menos, por eso intento hacerlo. Y como inspiración veo películas y leo libros. Siento especial admiración por Álvaro Cunqueiro y por Wenceslao Fernández Flórez.

­-¿Dónde pondrías tú los límites de la comedia?

-Unos dicen que los límites del humor han de estar en el respeto, otros responden que la libertad de expresión es sagrada, enseguida salta otro con que todos tenemos derecho a ofendernos. Yo opino que los límites del humor están en el talento del humorista. El humor no puede ser inofensivo, pero la ofensa ha de ser justa.

­-¿Nos encontramos en tiempos de extrema susceptibilidad?

-La gente está más sensible que el glande de Stendhal. Cuarenta años atrás hubo una época en la que no se podía hablar de nada. Luego vinieron años en los que se podía hablar de todo y ahora vivimos una época en la que parece que se puede hablar de todo pero en realidad no se puede hablar de nada. Cuando los cómicos nos equivocamos se desata un torbellino virulento. Tuits cruzados, opiniones contrapuestas, furia en 140 caracteres… pero al final todo queda como estaba. Al día siguiente no ha cambiado nada, ni para bien ni para mal. Eso no es bueno. No hay nada que interese más al sistema que cotidianizar la revolución.

­-¿Y a ti qué te ofende?

-Hay temas más complejos a la hora de hacer humor. El humorista no puede quedarse solo en el insulto o en una difamación amparada bajo el salvoconducto de «era una broma». Eso es de cobarde. O peor aún, es de mal humorista. Si el tema es complejo el humorista ha de ser brillante, no es tanto el tema como la forma de tratarlo.

-¿Fuera del escenario, el humor tiene cabida en tu vida?

-Soy un humorista callado que mira y observa. Luego escribo y me subo al escenario. No soy el más gracioso de mis amigos, ni de lejos. Todos mis amigos son mucho más graciosos que yo. Pero sí que un soy humorista las 24 horas del día.

­-¿Debería haber más humor en la política o más política en el humor?

-Ya hay suficiente humor en la política.

­-¿Qué político te hace más gracia?

-Me hacía mucha gracia Cristóbal Montoro.

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