Las fiestas de papel

Xosé Carreira LUGO / LA VOZ

SARRIA

Carteles de festejos lucenses llegan a una muestra del Museo do Pobo Galego

22 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Casi no queda un lugar de la geografía lucense que no celebre una fiesta en verano. Todo, o casi todo el esfuerzo de los ramistas, se centra en las orquestas. Pero hay otra parte que comenzó a quedar desatendida por algunas comisiones. Es la de los carteles y los programas de mano, estos últimos en desuso en prácticamente todas las localidades. Son las fiestas de papel. Y sobre esa otra parte de las romerías gira una interesante exposición en el Museo do Pobo Galego de Santiago. La muestra, que estará abierta hasta el mes que viene, presenta decenas de vistosos carteles y programas de mano. Aún cuando no es muy extensa, la representación de Lugo es destacada.

Los programas de la provincia aportados a la exposición corresponden a Sarria, Viveiro, Parga, Outeiro de Rei, Lugo y Vilalba. En los fondos de la biblioteca del museo compostelano conservan más de 350 de Galicia.

De Lugo también guardan una pequeña colección. Manuel Rial Santos, del servicio de exposiciones del museo, asegura que lo más representado es el San Froilán lucense del que disponen programas de los años 1943, 1954, 1956, 1960, 1962 y 1989. El fondo lo integran también programas de las fiestas de Viveiro de 1945, 1949, 1950 y 1953. Hay también de Sarria de los años 1950 y 1953; de Parga y también de Outeiro de Rei. La colección incluye también As San Lucas y Os Remedios de Mondoñedo.

La muestra, abierta este verano, comienza en el año 1880 con un programa de las fiestas de Santiago y acaba con folletos más modernos de la década de los ochenta.

Los programas fueron evolucionando con el paso del tiempo entre otras razones porque las fiestas se transformaron. La provincia de Lugo no es ajena a esa dinámica. A finales de siglo XIX y hasta mediados del XX algunas comisiones o sociedades encargadas de hacer fiestas populares se esmeraban en la elaboración del programa en papel. De hecho, encargaban a artistas la confección del cartel.

A mayores, incluso había dibujantes y publicistas que se ocupaban de preparar vistosos anuncios de conocidas empresas que colaboraban con las comisiones dando una aportación económica a cambio de un anuncio en el programa.

Todas esas tareas fueron suprimidas en la mayoría de los pueblos, salvo en los de más habitantes. El libro de las fiestas fue, hasta no hace mucho, una buena fuente de ingresos para los ramistas, pero en muchos lugares dejaron de hacerlo por lo laborioso que resultaba. «Deixamos de prepararalo porque había que empezar tres meses antes. Era necesario visitar aos anunciantes. Moitos resolvían dicindo que querían o mesmo que o ano pasado. Pero outros daban voltas e voltas. Había que visitalos catro ou cinco veces, e non compensaba. Logo, para cobrar pasaba igual. En fin, daba moito traballo. Era moito mellor vender lotería ou camisetas», indicó una persona que organizó durante una década las fiestas de una parroquia de Outeiro de Rei.

Rial Santos, del servicio de exposiciones del Museo do Pobo Galego, asegura que las publicaciones que guardan y ahora exponen «son fontes documentais de gran valía». Destaca que, además del interés de los carteles de la portada, están también las colaboraciones de escritores, artículos literarios, históricos o de ensalzamiento del patrimonio cultural y natural de la zona, así como fotografías antiguas en algunos casos. Se da la circunstancia de que el programa de fiestas es la única publicación que se realiza en multitud de pueblos.

Estas ediciones reflejan en muchos casos la relevancia económica de cada pueblo. Aquellas villas con un mayor volumen de empresas y comercios consiguen tener programas de más de cincuenta páginas, editados con portadas en color. Los de algunos pueblos son de un par de hojas y en blanco y negro.