LA TRIBUNA | O |
02 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.LA CRECIENTE preocupación por el aumento de casos de tumores malignos relacionados con la presencia de pararrayos radiactivos en ciertas zonas de Sarria, y en concreto en la de Ribela, está disparando la alarma social. Los afectados y muchos otros ciudadanos sensibilizados con esta problemática han pensado incluso en constituir una asociación. Nos preguntamos desde esta columna si resulta tan difícil retirar los citados artilugios y sustituirlos por otros inocuos. Se ve que sí, puesto que para ello se han dado numerosos pasos con resultado, por el momento muy escaso. Somos conscientes de la disparidad de los dictámenes que se han redactado y de que en algunos de ellos se afirma que los casos de cáncer nada tienen que ver con la instalación y presencia de dichos dispositivos. A pesar de todo, nos parece de sentido común que ante la duda, por mínima que sea, debe procederse a su sustitución. Mejor prevenir, siempre que se trate de la salud. Y, en este caso, no estamos hablando de un simple catarro, por desgracia. La vida es un bien insustituible y, cuando pende de una disposición, sea cual sea el organismo que deba adoptarla, urge que cuanto antes tome cartas en el asunto y solucione al menos la inquietud que genera la presencia de dichos elementos amenazadores, sea o no real el peligro que entrañen. También en la curación influye el sosiego y en la enfermedad, es bien sabido, pesa muchas veces la sugestión. Si además resulta que hay una relación causa efecto, razón de más para deshacerse del problema cuanto antes.