TRIBUNA | O |
12 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.COMO vecino de Sarria, sinceramente, me siento avergonzado al visitar determinadas páginas de foros en Internet. Aun cuando muchos de los comentarios que allí figuran pudieran ser ciertos, también hay que reconocer que otros son bastante desagradables, y que el que los escribe debería identificarse. Yo, que llevo cerca de cincuenta años de actividad en Sarria con muchos errores y algún acierto, recuerdo este pueblo emprendedor y alegre, con industrias importantes para aquella época. No debemos olvidar que en los años 80 había censadas más de sesenta fabricas de muebles e importantes empresas de otros sectores que por una causa u otra fueron desapareciendo, la mayoría porque necesariamente tenían que crecer o actualizarse y para ello debían abandonar la villa; otros, con mucho coraje y riesgo, nos fuimos estableciendo en donde hemos podido, en zonas rurales sin ningún servicio -ni de los más elementales- ni seguridad jurídica alguna. Menos mal que en la mayoría de los casos la concesión de licencias fue por silencio administrativo, y así cada cual asumió su propio riesgo, que no es poco. Hoy en día y desde hace mucho tiempo, no es posible que se instale en Sarria ninguna empresa de cierto calado, y si no hay tejido industrial no hay riqueza. No es posible, ya que no existe suelo industrial y el que hay carece de servicios. No se facilita a cualquier emprendedor o empresa la mínima facilidad para obtener licencia y las industrias que hay están la mayoría en precario, con grave riesgo y peligro de desaparecer o de tener que cambiar de ubicación. A eso se le dio un nombre muy atractivo, «deslocalización». Yo lo llamo emigración, cierre o desaparición y con ello los puestos de trabajo, bien necesarios por cierto en nuestra zona. Me pregunto si nuestros políticos, del color que sea, se pararon en algún momento a pensar que esto estaba ocurriendo. Creo que sólo piensan en aumentar sus ingresos, que dicho sea de paso, veremos de dónde saldrán al dejar de recibir los fondos que entraron a raudales de los vecinos comunitarios.