LA TRIBUNA | O |
26 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.BIEN CIERTO ES que Sarria no es la única localidad en la que se recurre al panfleto anónimo por supuesto y a las cartas dirigidas a medios de comunicación, claro que las más hirientes, siempre sin datos de identificación-, pero también lo es que en Sarria, y particularmente en épocas de movimientos electorales, se alcanzan unas cotas de muy difícil igual. Y es que siempre pasa lo mismo, cuando se acercan las elecciones y cuando se produce algún acontecimiento de relevancia aparece el anónimo panfleto y/o la iracunda carta en la prensa en la que no sólo se pone a caldo a algún político local sino que además se sacan a colación circunstancias de la vida personal, ya sea del político, ya de sus socios mercantiles, ya de sus colaboradores profesionales o ya de su propia familia. En una sociedad civilizada cualquiera es libre de expresar su opinión y ha de responder de que ésta sea realizada por cauces no sólo demostrativos de un mínimo de educación, sino que permitan al ofendido, agraviado o vilipendiado ejercitar su legítima defensa. Y claro, surge el interrogante de cómo defenderse de un ataque anónimo. Para empezar, dejar constancia de que el anónimo sólo merece el desprecio, que quien se escuda en el anonimato no es más que un cobarde que no se atreve a dar la cara y de que en localidades donde más o menos nos conocemos todos hasta el anónimo puede resultar de fácil identificación. A pesar de lo que nos espera, que la sociedad debe de rechazar de una práctica que respone al dicho de «tirar la piedra y esconder la mano». Y cabe recordar a Eriximaco: «¿Crees, Aristófanes, que después de tirar la piedra vas a poder esconder la mano? Más vale que tengas cuidado y que hables de forma que resulte pagada tu deuda».