«Siento no haber podido ir al funeral de mi esposo»

PORTOMARÍN

Esta mujer pide que las autoridades hagan accesible la iglesia de Portomarín

24 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Ángela García es una vecina de Portomarín que reside en la parte alta del pueblo a unos 300 metros de la iglesia de San Juan. Desde hace unos años una enfermedad le obliga a desplazarse en silla de ruedas con todos los problemas que ello conlleva y le impide hacer algo que echa mucho de menos, asistir, como mínimo cada domingo, a los oficios religiosos de don Antonio. Este mujer perdió a su marido hace unos años cuando ella ya estaba postrada en la silla y nunca olvidará que no pudo asistir a su funeral. «Es algo que siempre llevaré dentro y que no olvidaré jamás. Siento no haber podido asistir al funeral de mi esposo», asegura Ángela García incapaz de contener un gesto de disgusto y rabia contenida en su rostro. Cuando comenzó a notar los primeros síntomas de su enfermedad todavía asistía a misa. «Los primeros años me podía desplazar con muletas y, con mucha dificultad y ayuda de mis vecinos, conseguía subir las escaleras y acudir a la iglesia, pero ahora ya es imposible», dice Ángela García. El suyo es un caso especial por las características técnicas de su silla diseñada para ayudarle a soportar su mal. «La realidad es que la silla supera ampliamente los 70 kilogramos de peso y yo estoy más o menos en esa cantidad. Por ello resulta una tarea prácticamente imposible para mí superar cualquier barrera arquitectónica y más cuando son tan evidentes como las de esta iglesia», manifestó Ángela García. La anciana, al igual que otros muchos vecinos de la localidad, no entiende que si en el año 1963 el templo no tenía ningún desnivel ahora cuenta con escalones en todas sus entradas. «Yo no recuerdo como era la iglesia antigua debido a que no vivía en Portomarín cuando construyeron el embalse, pero sí que he visto fotografías en las que se observa claramente que se podía acceder al templo sin ningún problema. Por eso no concibo que ahora presente tantas trampas para la gente que por desgracia no podemos valernos por nosotros mismos y precisamos ayuda», explicó Ángela García.