Un campamento romano a 5 km de Viladonga

Investigadores hallan un enorme recinto en Pol que pudo ser nodo logístico de las tropas romanas

.Excavaciones recientes en el castro de Viladonga
Excavaciones recientes en el castro de Viladonga

lugo / la voz

El equipo multidisciplinar de investigadores del grupo Romanarmy, en el que participan profesores de la USC, acaban de publicar un artículo en la revista Gallaecia. Revista de arqueoloxía e antigüidade, del Departamento de Historia da Universidade de Santiago de Compostela, en el cual avanzan los primeros resultados sobre la presencia militar romana en cuatro nuevos campamentos, dos en Ourense y dos en Lugo.

Uno de ellos se trata del de A Penaparda, en A Fonsagrada, en el que a inicios de mes estuvieron excavando parcialmente y descubierto en el 2015. Pero la gran novedad de la investigación ha sido el hallazgo, en febrero de este año, de un campamento de casi 14 hectáreas, uno de los más grandes conocidos por el momento en el noroeste peninsular, y que se ubicaría en el Monte de Ventín, en el municipio de Pol y a escasos cinco kilómetros en línea recta del castro de Viladonga.

.Propuesta de línea de avance de las tropas romanas que entraron a Galicia por Asturias y creando campamento en A Penaparda (A Fonsagrada) y Monte de Ventín (Pol)
Propuesta de línea de avance de las tropas romanas que entraron a Galicia por Asturias y creando campamento en A Penaparda (A Fonsagrada) y Monte de Ventín (Pol)

Aunque los autores del estudio no se atreven de forma categórica a relacionar ambos asentamientos -señalan que faltarían más análisis y excavaciones- sí ponen en valor el dato de la proximidad. Además, hay que tener en cuenta que aunque el castro de Viladonga tuvo presencia humana varios siglos antes de la llegada de los romanos a Galicia, vivió su apogeo entre los siglos II y V de nuestra era. Por su parte, los campamentos romanos que han estudiado Romanarmy se sitúan entre los siglos I y III, en pleno avance de las tropas romanas.

El campamento de Pol, señalan los investigadores, pudo haber albergado entre 6.600 y 8.600 soldados. Se ubica a unos 33 kilómetros del de A Penaparda, lo que suponían dos o tres jornadas de marcha de las tropas. El complicado franqueo del río Eo -afirman con las reservas propias de carecer de indicios arqueológicos- pudieron haberlo hecho por Ribeira de Piquín. Lo que sí señalan es que «sin lugar a dudas el emplazamiento fue empleado de forma recurrente por el ejército romano, por lo que cabe pensar que estamos ante un auténtico nodo logístico». Hacen referencia a que el campamento de Pol, además de ser línea de avance de las tropas que entraban por Asturias, pudo estar conectado con los recintos del sur, en concreto con el de A Chá de Santa Marta, en Sarria. Y otra novedad con respecto a otros campamentos es que el de Ventín fue permanente, no un simple espacio provisional.

.Reconstrucción en 3D, con apoyo del LIDAR, del campamento de Pol, aprovechando un meandro del río Azúmara
Reconstrucción en 3D, con apoyo del LIDAR, del campamento de Pol, aprovechando un meandro del río Azúmara

Los arqueólogos advierten que sería necesario proteger estos recintos

El campamento romano del Monte de Ventín, en Pol, es de 13,55 hectáreas y tiene como particularidad con respecto a otros campamentos conocidos que no se ubica en zona montañosa, pero eso no implica, señalan los investigadores, que los romanos no usasen el terreno con el fin de reforzar sus posición defensiva, ocupando una extensa altiplanicie encajada en el meandro formado por el río Azúmara.

Con respecto a su actual conservación, los profesores -entre los que se encuentra José Manuel Costa García, de la USC- señalan que desde mediados del siglo XX el recinto se ha visto afectado por las variaciones en la propiedad de la tierra y sus transformaciones agrícolas. La parcelaria, la mecanización del cultivo del cereal y la plantación de árboles fueron deteriorando el recinto militar.

Los investigadores, en referencia a los cuatro campamentos del estudio presentado en la revista Gallaecia, señalan que serían necesarias más prospecciones con ayuda de equipos de teledetección y sondeos arqueológicos para mejorar la caracterización de los sistemas defensivos y tomar muestras que permitiesen su datación. Además, explica, la densa vegetación que los cubre dificulta el reconocimiento del terreno y desde un punto de vista administrativo su conservación se hace compleja al estar en lindes entre municipios y comunidades. «Es por todo ello que se encuentran en serio peligro de desaparición de no tomarse las adecuadas medidas para su protección patrimonial».

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