TRIBUNA | O |
29 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.MIS PAISANOS de Pol han celebrado el San Isidro por todo lo alto. Al menos en lo necesario, disculpándose el retraso. La imagen del santo de la iglesia de Mosteiro, tiene al pie de la peana, una pareja de bueyes que tiran del arado conducidos por un ángel. Yo le rezaba de niño porque me parecía prodigioso que el ángel le hiciese el trabajo, aunque me extrañaba que no se lo hiciese también a los bueyes. Pero las cosas son como son: alguien siempre pierde. Me dicen que la fiesta fue un éxito, y hasta Manuel Labrada, entusiasmado, me leyó el programa por teléfono. Los chicos de la comisión y las laboriosas mujeres de la asociación Olvido, dieron el callo. Creo que se llaman Olvido para denunciar el abandono, la desmemoria y el silencio de los poderes públicos con la zona. Tiene mérito el cocido que, hecho por ellas, se echó el paisanaje al coleto en un día de calor. Tienen su aquel los caballistas que compitieron, con el impulso de Pilar y Geles Cortón y otros, y las músicas que sonaron en la carballeira ancestral, ágora campesina y balada en sí misma. Además, acudió el conselleiro de Innovación e Industria, Fernando Blanco, interesado por el agro y arropado por los suyos del Bloque, pero no hubo encuentro con el alcalde Fugarolas. Política aparte, si la hubo, lo mejor, dicen mis fuentes, fue el pregón de José Benito López Ferreiro. Habló del mundo de antes, de los sudores de antaño sobre el surco y la yunta, de la nostalgia de nacer en Pol y vivir en Lourixe. José Benito es profesor universitario de raza y abogado de raíz. En la llanura arcádica de Lourixe tiene prendida el alma y practica emociones en la temperatura de los árboles frutales, ausculta el color maduro de los tomates y berenjenas, corta las lechugas plantadas con sus manos. José Benito es la tierra y el código, lo telúrico, el mestizaje tan difícil, de jurista y labriego, o sea, el hombre.