ACCESOS

La Voz

PEDRAFITA DO CEBREIRO

JOSÉ LUIS GARCÍA LÓPEZ PLAZA PÚBLICA

29 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Durante muchos años «lo de los accesos» fue estandarte y caballo de batalla con el que desfilaron y combatieron casi todos los políticos gallegos. Y con razón: creo recordar que fue en aquella asociación Cesga capitaneada por el bueno de José Luis Taboada, donde se apellidaron como prioritarios. Pero la inversión era tanta que los de Hacienda se dedicaron más de la cuenta a marear la perdiz. Hubo que echar mano de nuestra «retranca»: primero, engatusando a altos responsables a hacer un «viaje placentero» por el Manzanal y Piedrafita, regresando a sus despachos de Castellana por la Canda y el Padornedo; pese a hacerlo en Dodge Dart, regresaron «conversos», más convencidos y entusiastas que nadie en «poner manos a la obra». Pero, como Hacienda seguía remoloneando, hubo que inventarse un pacto de nuestras cajas de ahorros ofreciendo financiación anticipada: me suena que fue Antonio Lorenzo, el líder de aquel farol. Cayó como una bomba, y hubo temor gubernamental, presupuestándose los primeros dineros. Cicateramente, que de no ser por la feliz coincidencia del ministro Gonzalo Fernández de la Mora y Leopoldo Doadrio como director de carreteras, la inversión se hubiese limitado a un «lavadito de cara» de las curvas más escandalosas. Ojeando una revista de noviembre de 1973 me topo con una página publicitaria de Autopista del Noroeste, en la que se dice que el recién inaugurado tramo de Villalba-Villacastín es «el principio de la llamada Autopista del Noroeste». Un principio que todavía no ha tenido fin ni con la llegada del tercer milenio, ni siquiera como autovía. Algún gafe tiene «nuestros accesos». Lo de los corrimientos de tierra actuales no son nada nuevo: ¿Imprevisión? ¿Incompetencia?. A ver si iba a tener razón el Viejo General y el único acceso posible era el del Sil, el del «centro». Lo de la mala suerte, ya no me convence. redac@lavoz.com