Política, el silencio de los corderos ante el poder de las redes sociales

lA voz

Algunos años antes de la aún no superada crisis económica, Santiago Carrillo (1915-2012) puso blanco sobre negro lo que hoy es una evidencia: «El desarrollo tecnológico, controlado por un reducido número de grupos privados, ha llevado al Estado capitalista al cénit de su potencia; pero, al mismo tiempo, a un punto álgido de la crisis de ese tipo de Estado». Las nuevas tecnologías de la comunicación, en desarrollo veloz e imparable, tan útiles al propio sistema para orientar deseos y tendencias, abren peligrosas vías de agua al estado capitalista, en todos sus niveles. Se aprecia bien en el ámbito local, en lo que atañe a los ayuntamientos, que, aunque algunos quieran olvidarlo, también son Estado. Nunca los munícipes, tanto en el gobierno como en la oposición, han estado tan sometidos a la presión de la cambiante opinión de los contribuyentes. También en Lugo, claro.

Es cosa de ver el silencio que guardan algunos grupos de la oposición ante oleadas de opinión a través de las redes que no solo no comparten, sino de las que discrepan. Pero discrepan en silencio cartujo por temor a verse sometidos a una persecución demoledora a través de las redes. Qué lejos quedan Quevedo y su arriscada decisión de no dejarse silenciar: «No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo (...)». ¿Y el gobierno? En el gobierno lo mismo, claro. Incluso en el campo sindical, donde muchos callan frente al matonismo de unos pocos. Lugo tampoco ha sido ajena a la agitación promovida a través de las redes por una reciente decisión judicial.

Carrillo, parapetado detrás de su cigarrillo, dejó dicho que «a pesar de las vanas teorías neocapitalistas, el Estado es cada vez menos el de todos y cada vez más el de unos pocos». Y el tiempo le ha dado la razón. Pero se equivocó al diagnosticar que «la crisis y la acción concienciadora de las fuerzas de vanguardia conducirán (...) a plantear en términos más claros el conflicto entre la gran mayoría de la sociedad y los actuales poderes del Estado». Se equivocó porque el uso y abuso de las nuevas tecnologías agrava la crisis del estado capitalista, sí; pero ha licuado y reducido a la majadería a las vanguardias. Y en la barahúnda ganan los de siempre, que es de lo que se trata. También en Lugo, claro

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