La participación en las elecciones a las 14 horas sube dos puntos hasta el 36,9 %
Como toda persona que tiene interés por entender el mundo que le rodea, quiero pensar que el tema de conversación de estos días es calcular cuánto le va a suponer ese cinco por ciento que restará su nómina de funcionario.
En eso estábamos algunos compañeros de oficina cuando uno de ellos me dio como respuesta su experiencia vivida, y que había cambiado, radicalmente, su visión del mundo. Un curso dedicado a mayores para educar a niños donde les enseñaban a mirar las pequeñas y grandes cosas que el hombre había logrado y que satisfacen las necesidades primarias como, abrir el grifo y tener agua, sentir frío y ponerse un abrigo, jugar un partido de fútbol, darse un baño en las termas de Outariz, o irse a la residencia sin un céntimo en el bolsillo para que curen tu dolor. Eso si te fijas en las más elementales, me dijo, pero yo, que soy un ciudadano de clase media, un día cualquiera puedo permitirme algún que otro lujo: comerme un pescadito de la ría, una carnecita roja de Lugo o irme a mi pisito de la playa un fin de semana en que la lluvia deje salir el sol. Al terminar de contarme su historia, pensé en Richard Dawkins que, en su obra titulada El espejismo de Dios, dice que hay una pequeña evidencia de que las creencias religiosas protegen a las personas de enfermedades relacionadas con el estrés. Espero que a usted, le sea suficiente, con lo que cree que Dios le ha dado, para evitar el estrés de lo que cuesta un cinco.