El castro de Santa María suplica atención

El yacimiento tiene maleza y el muro de la iglesia se ha desprendido sobre el castro


cervantes / la voz

El castro de Santa María, al lado de la aldea de Sabadelle, en Cervantes, tiene una iglesia románica -la de Santa María- y un cementerio que están situados al lado de un castro que vio la luz a mediados de los 90. Desde entonces, no se han realizado más excavaciones.

En el antiguo conjunto se puede observar lo que en época fue una veintena de viviendas de planta redonda. Sobre los restos se construyó una necrópolis medieval que incluso reutilizó algunos de los muros del castro. En total, el enterramiento tenía más de 60 sepulturas y en algunas de ellas se encontraron restos de huesos. El lugar está a doce kilómetros de San Román de Cervantes, sobre el valle del río Quindós, afluente del Navia.

Aunque el castro es de indudable valor histórico y arqueológico, actualmente se encuentra lleno de maleza. Está descuidado, apenas tiene indicaciones y, además, parte del muro de la iglesia de Santa María se ha derrumbado sobre él. Las piedras están sobre lo que fue un poblado fortificado, y dañan su estructura. La iglesia fue rehabilitada hace unos años gracias a las donaciones que hicieron los vecinos de Sabadelle.

El castro -que será Bien de Interés Cultural por la Xunta por la persistencia del Colectivo Patrimonio dos Ancares y por el ANPA del colegio-, tendrá la categoría de zona arqueológica al ser BIC, lo que implica que la Xunta debería invertir en cuidarlo y mantenerlo adecuadamente, además de mostrarlo como parte del patrimonio de Os Ancares.

En total, ocupa una superficie de 56.615 metros cuadrados (solo está excavado una parte) y su entorno de protección es de más de 566.000. El de Santa María es un castro poco conocido y no muy concurrido, que necesita atención. Fue habitado entre el año 50 a.C. y el siglo II d.C., en el período de transición entre el mundo prerromano al romano, y su ocupación estuvo ligada a la explotación minera de esta zona de Os Ancares.

Por el enclave pasa una ruta de ocho kilómetros y unas dos horas y media de duración, que parte del arroyo de Vilarantigo, pasa por el Castelo de Cais, por la iglesia y el castro de Santa María, y llega hasta San Román de Cervantes.

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