Elogio del libro

FEDERICO FERNÀNDEZ DE BUJÀN

CERVANTES

«SI QUIERES saber te enseño / me cierro si tienes sueño». En este precioso versito un libro se dirige a su lector. Le expresa, con sencillez y ternura, su maravillosa disponibilidad y servicio. Esa misión insustituible que la historia del libro ha prestado a la historia de la humanidad. Hoy, quizás más que en el pasado se hace preciso volver al libro. Los adolescentes corren el riesgo de perder para siempre el placer de leer y el privilegio de aprender desde la letra impresa. Los mass media condicionan en gran medida nuestro comportamiento. Los mensajes enviados, sobre todo a través de la publicidad en la televisión, intentan que los presuntos consumidores carezcan de espíritu crítico para decidir acerca de la conveniencia de seguir la propuesta recibida. El individuo no tiene criterio propio, en gran medida porque ha perdido la práctica de leer. El uso indiscriminado de la televisión ha fomentado su pereza intelectual. Suele afirmarse que un libro llena cualquier soledad. Ningun otro objeto se presenta tan agradecido. El libro se deja coger, hojear y dejar en el estante. Ni protesta ni es celoso. Cuando se cierra está callado; cuando se abre nos habla. Desde sus páginas podemos conversar, en privado, con los hombres más portentosos de la historia. Con quienes son referentes de su tiempo y nos han dejado en sus libros sus descubrimientos y sus ideas. Hay «libros de sustancia y libros de aires». En los primeros aprendemos lo que no sabemos y descubrimos lo que otros han descubierto. En segundos disfrutamos del relato y de la forma de narrarlo. Afirma Cervantes: «Los relatos agradan por lo que cuentan o por la forma de contarlo». El saber a la vuelta de unas hojas; el decir en la belleza de unas palabras. Además, en los libros podremos acercarnos a las biografías de aquellos hombres que han hecho historia con su propia vida; podemos recoger una cosecha que no hemos sembrado. Es preciso leer para que nada humano nos sea ajeno. Más libros, más libres. Es necesario convencerse, y convencer a nuestros jóvenes, de que la lectura nos otorga la libertad.