Sinarquía con soda

| ALFONSO DE LA VEGA |

CERVANTES

01 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LA MARCHA de la guerra parece indicar que nos encontraríamos no sólo ante un hecho moralmente muy discutible sino también ante una más que probable chapuza técnica política y militar. Parece ser que o se ha mentido o estaríamos ante un grave desajuste entre la percepción de la realidad y los hechos mismos, que perjudica la credibilidad de Bush y su equipo. Sobre sus dificultades para interpretar adecuadamente los arcanos del método experimental ya existían dudas que provienen de su anterior etapa en la que aún no había sido rehabilitado por cierto famoso telepredicador fundamentalista americano a fin de hacerle retornar al sendero de los hombres de provecho. Una leyenda apócrifa cuenta que nuestro personaje tomaba muchos whiskies con soda, encontrándose luego asaz mareado. Probó ginebra con soda pero tampoco se encontraba bien. El coñac con soda también le causaba daños. De modo que concluyó sagazmente: «No hay duda, es la soda». Con soda o sin ella, algo va mal en América, y en el mundo occidental, cuando personajes de esta clase se encuentran encaramados a sus más altas instituciones. ¿Qué opinaría un Jefferson, un Franklin, un Adams o un Washington de lo que está pasando? ¿Cuándo se enterró el famoso discurso de Lincoln en Guettysburg? ¿Por qué todo un presidente se comporta como un simple director comercial? ¿Qué fue del «nosotros, el Pueblo»?Para la Humanidad presente parece necesario recuperar la vieja idea de los templarios de la sinarquía, o gobierno mundial compuesto por sabios, que la proteja de los abusos de la plutocracia. Ya decía Platón en su carta séptima a los siracusanos amigos de Dión, en la línea que luego desarrollaría Cervantes en los consejos de don Quijote al Sancho gobernador, que los problemas del mundo nunca tendrán solución mientras los poderosos no se rodeen de sabios siendo así que al ser poderosos es casi imposible que sean ellos mismos sabios.