RÚA DAS ORFAS

La Voz

CERVANTES

RUBÉN SANTAMARTA MI CALLE

24 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Quizá sea porque el idioma es universal que cada vez que me acerco por la rúa das Orfas me acuerdo del Terry, el inglés que bajó de un barco y aterrizó en una iglesia. Él parecía uno de esos huérfanos, y acababa en esa calle sin idea de español o gallego. Cantaba, y su voz recordaba mucho a la de un niño que estuviera buscando a su madre desesperadamente. Estuvo por aquí un par de años, entre esta calle y el arco de Palacios, donde la acústica le permitía dar más realce a una voz consumida por mucha vida y muchos licores. Con Terry se fue una parte de esta calle. Por fortuna, quedan aún argumentos de la ciudad que se resiste al paso del tiempo. Uno es su estanco. El otro, el colegio que da nombre a la calle (¿o es al revés?), y que provoca, de septiembre a junio, que cada nueve de la mañana sea el metro cuadrado más imberbe de la ciudad. También en el que con más facilidad se rompen los tímpanos entre el berreo de los enanos. Como Terry, decíamos. Los detalles se desprecian con la costumbre, y así terminé por no detenerme a ver el escaparate de chocolate o los carteles decimonónicos de sus establecimientos. La mala costumbre. La que no he perdido para perderme desde allí hasta Cervantes. Un kilómetro de libro de Historia. redac.santiago@lavoz.com