«Nunca pensé que tendríamos portátiles»

La pionera en la programación explica cómo era trabajar como mujer en los sesenta en un mundo de hombres


lugo / la voz

La vida anónima de Ana María Prieto López comienza a serlo menos desde que se supo que fue la primera mujer programadora informática de Galicia, y posiblemente de España. Nacida en Santiago en 1942, donde su padre era director de la Caja de Ahorros, con 9 años se marchó con su familia a Madrid, regresando primero a su Santiago natal en 1969 y luego instalándose en Becerreá en 1973, cuando se casó con su marido, responsable de Almacenes Zoilo.

-¿Lo suyo con la programación fue casualidad?

-Sí, porque estudiaba Farmacia en Madrid, pero nunca me gustó. Mi hermana vio un anuncio de una empresa, Bull General Electric, de que necesitaba personal y como me gustaban las Matemáticas me presenté a las pruebas y me seleccionaron para operadora. Estaba en el teclado introduciendo códigos binarios. Al poco tiempo acabé de programadora de los macro ordenadores, con lector de tarjetas enormes y cintas magnéticas.

-¿Qué idea había entonces de la informática?

Nada, muy poca gente conocía lo que era la programación o la informática. Cuando le dije a mi padre donde iba a trabajar no me entendía, no podía hablar con mis amigas de esto porque no se enteraban.

-Entonces, ¿por qué se animó a presentarse?

-Quería trabajar, siempre me interesaron las novedades. Me decidí a probar en Bull porque era algo distinto. Entonces no había medios para que una mujer pudiese trabajar. Había probado como diseñadora, porque la Farmacia no me gustaba. La estudié porque me mandó mi madre, que me decía que me ponía una farmacia (risas).

-¿Quién la formó?

-Como operadora un francés y como programadora me fui formando yo de manera autodidacta y con cursos a los que asistí. Entraban nuevas programaciones porque llegaban nuevas máquinas que necesitaban una adaptación. Trabajaba Cobol y el lenguaje máquina, que es más complicado. La programación es como las Matemáticas, tienes que estar muy metida en tu mente, con mucha concentración y ser minucioso.

-¿Qué le decía su familia?

-No le explicaba nada porque no me entendían. No podía hablar del tema porque era un rollo para ellos (risas). Solos los que trabajábamos en Bull e IBM sabíamos de los que hablábamos.

-¿Qué recuerdos tiene del trabajo en Bull?

-Muy bonitos. Trabajábamos hasta las diez de la noche porque estábamos empezando. Eso sí, se pasaba mucho frío porque los equipos tenían que estar a una temperatura constante en invierno y verano. En verano, con calor fuera, ibas con un abrigo y guantes.

-Hay una foto de usted en 1963 con el futuro rey Juan Carlos, ¿qué le explicaba?

-Fue una presentación de unas máquinas, una que trabajaba en París y otra en Madrid y que se comunicaban entre ellas, mientras nosotros controlábamos por la terminal que todo funcionase bien. Tuvo mucho interés en lo que le conté.

-¿Con Bull, para qué empresas trabajó programas?

- Muchas, pero las más importantes fueron Schell y Barreiros, con macro ordenadores de unos 40 metros cuadrados.

-¿Y a los hombres les molestaba que hubiese una mujer programadora?

-Ay no me diga, horrible, sí. Era una intrusa. En Barreiros me decían: ?porque trabajas en esto, tú tenías que ser secretaria de un jefe?. Me daba mucha rabia, no les gustaba nada tenerme.

-Y en 1969 regresa a Galicia.

-Se me presentó la oportunidad de venir a la Caja de Ahorros de Santiago, ya que mi familia era gallega y mi novio también. Vine muy contenta. En Santiago éramos tres programadores con un ordenador Phillips. Ya tenía el programa hecho, y nos encargábamos de arreglarlo. Aquel ordenador servía para hacer movimientos, operaciones y facturación. Luego llegó un IBM que trabajaba con Cobol.

-Si en Madrid era extraño, ¿en Galicia aún más?

-Era extraño para los empleados, que me miraban muy raro, pero nunca me dijeron nada (risas). No era habitual en España que hubiese personas trabajando en asuntos informáticos, y menos una mujer. Luego llegó un IBM, con lo que teníamos uno de los mejores ordenadores de Galicia. Solo la universidad podía tener un equipo de ese nivel. Preparé a otros programadores para cuando yo me casara y un chico se quedó al mando.

-Se casó 1973 y abandonó su carrera de programadora.

-Dejé el trabajo y vine para Becerreá porque quería formar una familia y cuando ya tuve a los tres niños algo crecidos, comencé en microordenadores en la empresa de mi marido, Almacenes Zoilo.

Aquí nadie se enteró, nadie me veía programar. Estaba dentro de las oficinas y nadie lo veía. Sobre unos programas que dejó un proveedor fui programando para mecanizar la empresa, incluso hasta la máquina elevadora. En aquel momento muy pocas empresas en Galicia tenían un ordenador.

-De Madrid a Becerreá, pasando por Santiago. ¿Vaya cambio?

-Al principio se me caía el pueblo encima, pero como estaba con la programación... Es un trabajo muy solitario. Y lo hice hasta que me jubilé. Soy muy callada e introvertida. Me llevo bien con los vecinos, pero tengo el carácter del programador, que tiene una vida interior muy grande, y en cambio no la tengo hablando con la gente. Me acostumbre así y ahora me es difícil comunicarme.

-¿No hecha de menos haber seguido en grandes empresas?

-Pudo la familia más, tenía muchas ganas de tener una familia. Hoy quizás sí habría seguido, pero en aquel momento no había campo para ascender, había pocas universidades, pocas empresas con ordenadores. Hoy cualquier empresa está al alcance de tener gente y prepararla en informática. Además, en mi caso, no podía dejar a mis hijos. Hoy las mujeres sí tienen guarderías... pero en aquella época era inusual.

-¿Está al tanto de los cambios tecnológicos?

-Me aparté del mundo, no tenía ni tiempo para leer la prensa. Hoy todo el mundo tiene ordenador y hay cientos de chicos que quieren estudiar Informática.

-¿Cuando estaba en Bull, se imaginaban que tendríamos el actual nivel de tecnología?

-Nunca pensamos que todo iba a acabar así, ni siquiera en un ordenador de mesa. Cada vez teníamos ordenadores más pequeños, que los llevábamos a las ferias de tecnología de toda España, pero todos eran con tarjetas, basados en los mismos programas. Por eso cayeron empresas como Bull. No sé como va hoy en día IBM, pero no se adaptaron porque solo vendían a grandes empresas y sin perspectivas de futuro. Eso sí, el lenguaje máquina siempre se mantendrá porque trabaja con número binarios.

-¿Tiene whatsapp?

-No quiero saber nada de whatsapp. Mis hijos me insisten, me trajeron móviles nuevos, pero no quiero. Solo uno al que le dé una tecla y llame. En principio porque veo mal, estoy operada de los ojos, por eso solo quiero móviles sencillos. Desde que me jubilé no quise volver a tocar mucho el ordenador, solo me interesaba la programación. Reconozco que el móvil e Internet son una maravilla. ¡Y lo que vendrá!

-¿Sabe quiénes son Bill Gates, Steve Jobs o Zuckerberg?

-Me suenan, pero estoy apartada de todo. A mí lo que me gustaba era la programación en sí, los ordenadores los usaba como una herramienta. Desde que me jubilé ya apenas uso el ordenador, solo me gusta hacer crucigramas, autodefinidos y veo series en la tele que me gustan.

ana maría prieto lópez primera programadora informática en galicia en 1969

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