LugoLa A-8, un gran regalo para la vista

El tramo negro, famoso por sus repetidos cortes, tiene panorámicas muy variadas


lugo / la voz

Del negro al verde de los prados, al azul del cielo, al blanco de las nubes e incluso al azul del mar; frente a los limitaciones de velocidad y al control del radar, montañas, valles, pequeñas aldeas y núcleos más poblados que hacen ameno el viaje. Eso es lo que se puede ver en un tramo de la autovía del Cantábrico (A-8), el comprendido entre Arroxo (Lourenzá) y A Xesta (Abadín), que se ha ganado fama por los problemas repetidamente causados por la niebla, causa de numerosos cortes de tráfico durante el último año.

Un viaje como el realizado para este reportaje -efectuado el pasado miércoles por la mañana en los dos sentidos, primero del interior a la costa y luego de la costa al interior- vale para comprobar el variado paisaje que se les presenta a los viajeros en esos 16 kilómetros, en los que la transcantábrica discurre por discurre por cuatro municipios -Abadín, A Pastoriza, Mondoñedo y Lourenzá-. Para ilustrar esta página, las fotos se tomaron desde la posición del copiloto en el paisaje que quedaba a la derecha del sentido de la marcha del vehículo. En ese tramo de la A-8, tanto en uno como en otro sentido, hay distintas limitaciones de velocidad, que se respetaron.

El Cantábrico

Una vez pasado el acceso de A Xesta, por el que se enlaza con la carretera N-634, la ascensión al Fiouco -punto de mayor altitud de toda la autovía, con 698 sobre el nivel del mar- equivale a una espera de pocos minutos en los que la llegada al alto amplía la perspectiva. Prados y montes de A Pastoriza, de Mondoñedo y de Riotorto quedan a la derecha en un recorrido en el que el Cantábrico aparece al fondo como una línea azul -visible el día del viaje, que estuvo libre de nieblas- que asoma entre montes bien conocidos en la comarca mariñana, como el Padornelo (Mondoñedo) o Cornería (Barreiros). Este tramo de la A-8 se caracteriza por sus numerosos viaductos, y el recorrido a la costa permite apreciar la silueta del de Lindín, que con sus 750 metros es el más largo de la autovía en Galicia.

Viajando al interior, nada más tomar la A-8 en Arroxo aparece el valle de Mondoñedo, con picos como la Pena da Roca y la Toxiza cerrándolo por el este y por el sur respectivamente. La ciudad episcopal ofrece una conocida vista para el viajero, que en pocos kilómetros nota como la altitud varía el paisaje. Caballos pastando cerca de Campo do Oso, escenario de una conocida rapa, aparecen en esta nueva subida al Fiouco.

Parques eólicos

Al bajar hacia A Xesta, el horizonte se amplía de nuevo, y hasta ver al fondo los montes de Abadín -que, como el entorno del Fiouco, albergan parques eólicos- el pasajero puede apreciar unas vistas con más naturaleza que ladrillo.

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