El oso mediático de la reserva Eo-Oscos-Burón

J. Gómez Cortón

A FONSAGRADA

24 ene 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Al inicio del verano del 2011, los medios se hicieron eco de las andanzas de un oso viajero cuyo recorrido conocido estuvo en torno a la comarca de A Fonsagrada. El primer avistamiento fue en las faldas de A Vacariza y, como testigo, un sorprendido conductor. La segunda aparición fue a un asustado pescador, en la cuenca baja del Rodil, cerca de Os Baos, y finalmente en las laderas de Silvachá se encontraron los recados de su dulce banquete. Lo raro no es que tenga ese comportamiento, la novedad está en que hace más de un siglo que el oso no estaba entre moradores ni visitantes de este territorio.

Ya circulan las leyendas rurales sobre su presencia, casi todas asentadas en su introducción y suelta controlada en esa «reserva» del bosque de Carballido y Oscos-Eo-Burón. Ya puestos en imaginaciones, se me ocurre otra mas poética. En uno de mis viajes a A Fonsagrada, allá por el mes de febrero, llegando a Vilaframil, mi esposa y yo nos detuvimos en A Campa para ver un mirador construido recientemente en aquel balcón natural de la cuenca alta del río Rodil, el Castañeiral de Gayol (incluido en el bosque de Carballido), la Coroa de Castro, etcétera. Ese mirador, construido porque Fonsagrada forma parte de la Reserva de la Biosfera Oscos-Eo-Burón, tiene un cartel que describe los animales y plantas más sobresalientes. Y sí, entre ellos figura el oso pardo. Al leerlo, nos sorprendimos sobre la alta capacidad de los técnicos para imaginar. Lo que no podíamos suponer es que tuvieran la facultad de adivinar. Y aquí empieza la leyenda, que estamos ante un oso lector y bonachón, y al conocer que un letrero anuncia su presencia quiso ser benévolo con su mentor y decidió dar un paseo por la zona para contradecir a incrédulos como yo, que vimos en el letrero información y promoción, cuando en realidad era información y predicción.

Dejando a un lado las leyendas, la presencia de este oso es fruto de los brutales cambios de hábitat en los últimos años y también de la biodiversidad. Este último es un valor que la sociedad moderna ha puesto como una de sus referencias, con consecuencias positivas, pero con costes que ha de asumir. Para que sea una potencialidad presente y sobre todo futura que revierta en los ciudadanos, la sociedad no debe dejar todas estas cargas sobre la gente del rural. Podemos pedir a quienes viven en A Fonsagrada comprensión, paciencia y altura de miras con vistas al oso, pero no es justo que carguen ellos solos con su alimentación, andanzas y destrozos.