Jorge

Antón Grande

LUGO

Se nos ha ido Jorge, en silencio, como gustaba, con esa tranquilidad que impregnaba su presencia, con palabras justas y esa risa que contagiaba. A Jorge de Vivero cientos de alumnos lo recordarán como profesor por haberlos infiltrado en el conocimiento de la literatura, en el amor de las letras y la lectura. Para muchos lucenses fue el iniciador al ecologismo y para otros cuantos, entre los que me incluyo, era además amigo.

Escribo esta columna ya anocheciendo el día de San Jorge, cuando los libreros salen a las calles y plazas con tentaciones para la lectura, con ofertas de libros para todos los gustos y tendencias y quizá, quién sabe, entre ellos figure alguno de los que Jorge dejó escrito.

Hace un montón de años, cómo pasa el tiempo, me pidió que escribiese el prólogo para uno de ellos, El libro de la naturaleza, creo recordar el título, una recopilación de sus artículos publicados en aquel entonces sobre la naturaleza y en el que yo apuntaba que con ellos, había logrado introducirnos en el ecologismo y además, crear escuela, sin caer en bucolismos ni en llantos de cocodrilo.

Famosa se hizo en la prensa durante varios años, en llegando la primavera, su disputa con Fuco de Cambria por ver cuál de los dos era el primero anunciando la llegada del cuco.

Guardo una foto de una excursión gastronómica cultural en la que estamos a pie de puerta en la iglesia de San Estebo de Ribas de Miño, en O Saviñao. Posiblemente veníamos de dar cuenta de unas sabrosas truchas con las que un par de veces al año nos obsequiaba un generoso amigo.

Jorge se nos ha ido casi sin avisar, aunque sabíamos de sus dolencias. Amigo, no lo dudes, en la próxima truchada estarás presente.