Leo que la Universidad de Santiago de Compostela revela, tras los correspondientes estudios llevados a cabo, que el aumento de consumo de tabaco aumenta entre las personas con menos recursos, a lo que yo añadiría que también el alcohol, pero vayamos por partes.
El estudio de la USC la verdad, poco me sorprende. Si uno se mueve por el centro quizá no lo note tanto pero si se va a algunos de los barrios de la ciudad, verá que el estudio está completamente acertado, y lo digo por propia experiencia, por lo que he visto, y sigo viendo.
Observo con alguna frecuencia, mientras que ando por alguno de estos barrios o por el Harlem de A Milagrosa, a gente joven, con apariencia de no estar económicamente boyantes, recogiendo colillas del suelo o mismo pidiendo un cigarro a cualquier transeúnte al que ven con el cigarro en la mano. Y no son solo los jóvenes, también aparece alguno que ya peina canas, quizá adelantadas para la edad que aparentan.
Sin ir más lejos en Viveiro, en mis cuarteles de invierno, tengo localizada a una persona que hace diariamente un recorrido matutino para proveerse de colillas que recoge disimuladamente mientras camina. Es posible que le quede ese pudor en su disimulo, de esa apariencia de lo que fue otrora.
Aquí en Lugo también tengo fichados a un par de ellos, eso sí, siempre son hombres, que se agachan ante mí sin pudor alguno, recogen la colilla y la guardan en los bolsillos con el fin, seguramente, de juntar unas cuantas para poder liar su tabaco.
Me fijo que a las puertas de los supermercados es habitual ver a gente pidiendo y habitualmente fumando. Quizá el tabaco sea su analgésico contra la depresión y las frustraciones de la vida.