Flirt veraniego

Emilio R. Pérez

LUGO

29 ago 2025 . Actualizado a las 23:01 h.

Me lo encontré allí en el plato a medio abrir, sonriéndome con esa boca enorme que le ocupa todo el cuerpo y las dos conchas limpias y blancas como lavadas con Ariel y me dio pena, oye, no exagero nada si aseguro que pugnaron dos amargos lagrimones de esos de telenovela rosa por salir. Me quedé mirándolo angustiado, rodeado de colegas suyos que a mí ni fu ni fa, pero él… ¿Vas a comértelo, desgraciado? -interviene el corazón. Nooo pueeedo… ¡Santo cielo, verlo para creerlo, me había enamorado de un berberecho!

Cuando me enfrento a una ración de mejillones no tengo miedo a enamorarme, esas negras conchas repugnantes resguardando su rojo corazón no despiertan atractivo sensual alguno en mi cerebro, aunque sí mi instinto depredador, y no tengo piedad: me los despacho tras regarlos con vinagre o con limón y a las posibles mariposas estomacales ni les da por asomar; pero el berberecho, ay el berberecho aquel del alma, viéndolo allí tan pequeñito y desvalido, con su concha blanca… Pues no pude, no señor. Así que muy disimuladamente lo envolví en una servilleta, lo guardé en la riñonera y esa misma noche, arriesgándome a un posible caso de pederastia, yací con ella: era berberecha.

 Al día siguiente, perdidamente enamorado, me di una vuelta por las calles de Viveiro con el corazón más tierno que un flan Dhul, y cuando vi los titulares del periódico de un quiosco, casi me da un infarto: un informe de la UCO aseguraba que el berberecho es un bivalvo, como el mejillón, y está considerado marisco de perfil bajo.

—¡Arg, un plebeyo! —exclamé horrorizado.

Mi ánimo se desparramó y me vino de repente mi enamoramiento al suelo. Despechado, me fui resuelto al pequeño puerto de Celeiro y lo arrojé en un recodo infecto del malecón.

—¡Te odio! —me despedí. Y eso fue todo.

Sí, pasé en Viveiro un par de días y viví una aventura como no había vivido en mucho tiempo: un flirteo marino con un bivalvo. Años atrás tuve un affaire con una ostra, pero esa es ya otra historia.