Cada vez quedan menos tabernas en Lugo, de las tradicionales, vamos, de aquellas en que se tomaban buenos vinos a granel procedentes de Quiroga, Chantada, Sober o Monforte. Y mira qué había para dar y tomar.
Se dice ahora que esas hay que buscarlas en los barrios, cierto, pero hasta no hace muchos años, en que los taberneros se acomodaron y se inclinaron por los vinos embotellados (que se los sirven a domicilio, y por lo tanto no hay que ir a las bodegas, catarlos, comprarlos y traerlos), las bodegas y bodegones van tocando a su fin.
Podría citar cientos, y creo que de ello publiqué amplio reportaje hace años pero por citar el centro, que ahora parece de alto nivel, lo digo por los precios, estaban no ha mucho templos tabernarios como René, Cueva, Anda, Julita, El Barco de Valdeorras, ahora con el galaico nombre de A Adega, 5 Vigas o Costa Brava, y no me extiendo más.
Barrios de tabernas eran sin lugar a dudas Recatelo, con Taboadesa, Carlota, Rivas, Varela, Frade, Fraile, Sabadelle o Armonía. En Albeiros estaba O Roxo, una taberna espectacular, tanto por la sed y capacidad gastronómica de su dueño como por su ambiente; en el barrio de A Milagrosa, numerosas tabernas pero por citar algunas, Quiroga, Corbatas, Roldán y ya un poco más abajo, siguiendo Lamas de Prado, O Leiteiro, todos ellos con excelentes vinos de la Ribeira Sacra, a buenos precios y buenas tapas de cocina.
Si nos vamos a A Piringalla no podríamos dejar sin citar As Rodas, qué bien cocinaba Cheliño!, y desplazándonos al barrio de A Ponte, teníamos Carmiña, Buíde, Chuco, aún abierto, o Xesús das Arieiras, también superviviente.
Se nos van las tabernas y con ellas, una parte de las intrahistoria de Lugo. Pero bueno, algo queda para la supervivencia.