Bostezando

Emilio R. Pérez

LUGO

13 abr 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Ayer me dio por contabilizar el número de bostezos que me marco cada día de forma regular, y registré un total  terriblemente preocupante: 27. ¡Y sólo por la tarde! Si es cierto eso que dicen de que la media de bostezos que realiza un ser humano cada día es de ocho, cabe suponer que a lo mejor padezco el Síndrome de Tourette o algo así, porque esto a mi entender no es muy normal. Y menos mal que no salí a la calle, oigan, pues teniendo en cuenta que el bostezo es contagioso, ¿se imaginan de encontrarme con un grupo de amiguetes por ahí? Madre mía, todos con la boca abierta como un coro de sordomudos interpretando el Only you. Qué vergüenza.

Según tengo entendido, el bostezo es una suerte de reflejo involuntario que emitimos cuando hay sueño, por cansancio o cuando estamos aburridos; así es que no hay que ser un licenciado para darse cuenta de que sólo a alguien que no tiene en qué pasar el tiempo se le ocurren cosas de este tipo. A un jubilado, por ejemplo.

Por otra parte, si se tiene en cuenta que cuando bostezamos salen lágrimas porque los músculos de los párpados se contraen y presionan las glándulas lacrimales, cabe deducir por tanto que me paso el día llorando; lo cual explica, fíjate, del porqué por ahí me dicen que tengo cara de pena, penita, pena. Qué se le va a hacer.

Yo deduzco que mi caso exagerado es consecuencia de la impúdica  teoría que la bruja de mi almohada tiene sobre mí: soy insomne discontinuo, pesimista alegre y extremadamente plasta. Vaya guasa que se gasta.

Son las tres. Está lloviendo. Desde mi ventana aquí en el alto observo en tanto escribo esto. Lugo duerme oscuro y en silencio… Y dale, otro bostezo.