Oiga, subléveseme un poco, hombre. Lea el total de la columna, cabréese y destroce en diez mil cachos el periódico si quiere. Pero haga algo. Léala hasta abajo y considere. Veamos. Si el paripé que está montado, en lugar de estar pasando aquí en España pasa en Francia o en Alemania, por ejemplo, si en lugar de Cataluña fuera Sajonia o el Rosellón y de llamarle sedición se le llamara alta traición a la ignominia, no le quepa duda alguna de que los jueces europeos toserían de otra forma y en lugar de en plan turista residiendo en la mansión, andaría Puigdemont, de ser la hora, pasando la bandeja por el cutre mostrador del comedor de una prisión teutona o gala. Y de eso está al corriente Puigdemont, Aragonés, Junqueras y también el pesebrero más baboso y carroñero a cargo del gobierno catalán, que al igual que en el central, los hay a toneladas. Pero estamos en España, chico, y aquí nos toma el pelo hasta Marruecos; máxime con un gobierno que en Europa viene a ser el tontolaba que mendiga un chatovino entre las mesas.
Ah, ¿que no le afecta?... Verá, si digo que es cuestión de patria, se partirían la caja desde Coruña a Castellón pasando por Sigüenza; qué cosas tienes, corazón. Pero si digo pálpese el bolsillo y vaya echando cuentas, que eso al parecer es cuanto cuenta, qué. Pues nada, siga usted como el común mortal spanish que a la vista del corral suele balar a la caída de la tarde.
Desde mi ventana aquí en el alto, mientras llueve veo a un enano ahí en la calle. Enano, sí, pero más listo que el hambre. Pregona, pregona, me dice, que la simiente ya está echada y mientras crece como yo y tú rebañas. Y ahora cabréese si quiere.