Espejo

Emilio R. Pérez

LUGO

04 ago 2021 . Actualizado a las 13:08 h.

Si usted me sigue habrá observado que, casi por inercia, recurro al término con más frecuencia de la cuenta. Le tengo fobia. Ya ve. Quizá respeto más que fobia. Quizá ambas cosas. No sé.

Espejo. Me cae como una coz en esa zona que usted piensa. No solo por manido e indiscreto ? allá por donde vas lo encuentras y, sin permiso ni derechos, te refleja; vaya jeta?, sino porque además me da que alberga un algo de esotérico. ¿Que en qué me baso para eso?... Bueno, es el único artefacto de la tierra que te devuelve la mirada. He ahí el problema. Así que si te enfrentas a él en serio es algo así como un duelo mental contigo mismo, un reto mano a mano con tu ego. Yo lo he hecho y le aseguro que amedrenta. Pero hay que verlo, claro, hay que confluir. Si no lo logra puede estar tranquilo y observar cuanto le plazca su careto.

Si alguna vez lo tiene a bien —mientras se asea, por ejemplo—, contemple esos dos ojos que le miran fijamente, céntrese exclusivamente en ellos y olvídese de todo cuanto le rodea. Bien. Siga así cuantos segundos pueda, cuantos más mejor, como aguantando la respiración; y a medida que se aísla y que transcurre el tiempo, si es que aguanta irá observando poco a poco una profunda inmensidad que acabará sobrecogiéndole. Si ha llegado, si ha logrado percibir esa tercera dimensión, dígame, ¿Qué ha visto?, ¿Qué ha encontrado ahí dentro? ¿Quiere usted saber qué es lo que esconden esos ojos?, ¿Qué enigma es ese tan profundo que le obliga a retirar la vista del espejo?

Desde mi ventana aquí en el alto se lo cuento: el universo. Es eso. Simplemente. Por eso yo le tengo fobia, por eso yo le tengo pánico al espejo, por eso me acojona.