José María Vázquez: «El Quijote encierra la sabiduría humana»

Miguel Cabana
MIGUEL CABANA LUGO / LA VOZ

LUGO

José María Vázquez es un prestigioso psiquiatra, hijo de Portomarín pero nacido en Barcelona, que ayer habló a alumnos del Lucus Augusti
José María Vázquez es un prestigioso psiquiatra, hijo de Portomarín pero nacido en Barcelona, que ayer habló a alumnos del Lucus Augusti

El prestigioso médico catalán de raíces lucenses habló ayer para los alumnos del Lucus Augusti

24 may 2021 . Actualizado a las 11:50 h.

José María Vázquez Vázquez, (Barcelona, 1960) es un reputado psiquiatra, máster en drogodependencias por la Universidad de Barcelona; desarrolla su labor clínica en el C.A.S. de Sans, (Agencia de Salud Pública de Barcelona); responsable del departamento de Psiquiatría de la Asociación Bienestar y Desarrollo. También es miembro del Comité Operativo de Salud Mental y Adicciones de Barcelona Izquierda. Es vocal autonómico por Cataluña de la Sociedad Española de patología dual y formador de residentes de psiquiatría en el Hospital Clínico de Barcelona, en el Son Espaces de Palma y en el hospital Ramón Mejías de Buenos Aires. Además, es profesor colaborador en el máster de salud mental comunitaria de la Universidad de Barcelona. Presume de ser hijo de un matrimonio de Portomarín que emigró a Barcelona —él ya nació allí— que cada vez que traspasa Pedrafita siente que vuelve a su lugar natural. Ayer impartió una videoconferencia para alumnos del IES Lucus Augusti que triunfa hace tiempo en España y que lleva por título Don Quijote de la Mancha: el camino de la locura al esoterismo.

—No es fácil presentar a alguien con un currículo tan amplio. ¿Cómo se presenta usted cuando le preguntan quién es?

—Un psiquiatra que trata a la población desde la base, intentando entender el dolor del alma. Ante todo, una persona, con unos conocimientos para entender el dolor del alma, que es algo abstracto y por ello, difícil de calibrar. Un psiquiatra es un médico que trabaja sobre algo que va más allá de lo humano. Puede haber cerebro sin alma, pero no un alma sin cerebro. El dolor del alma es terrible, y trabajar sobre algo abstracto como el alma es difícil y obliga a estar muy pendiente de las historias personales de los individuos y a escuchar para determinar un diagnóstico. Por último, diría que trato a personas; personas con alteraciones en la esfera mental, con dolor del alma.