En la Catedral de Lugo no entra la escoba

Los halcones ayudan a mantener limpio el exterior del edificio eclesiástico

¿Se imagina tener que limpiar y mantener un enorme edificio de piedra de 800 años de historia? Pues eso es lo que hacen a diario los responsables del cuidado de la Catedral de Lugo, una inmensa «casa» que en palabras de su fabriquero, César Carnero, es como un ser vivo que necesita atención constante.

Los mimos que requiere la catedral son exteriores e interiores. «Coidar un patrimonio deste tipo necesita moitísima constancia. Por exemplo, no exterior hai que facer dúas veces ao ano limpeza de cubertas e tres veces de canalóns. Ademais, superviso a cuberta e os canalóns una vez ao mes, é imprescindible», enumera el fabriquero. Hace diez años se llevó a cabo una importante intervención en la fachada principal que permitió limpiar toda la piedra y dejarla brillante. Hoy se conserva en perfecto estado, sin rastro de hierbajos, gracias a la constancia de los cuidadores y también a la colaboración de unos cuantos halcones. «Pode parecer curioso, pero a nós fannos un traballo xenial porque manteñen ás pombas alonxadas do edificio. E iso é moi bo porque os excrementos das pombas son moi corrosivos», abunda César.

Mantener en buen estado la piedra que da vida al templo también requiere su maña. El granito está expuesto a un importante estrés climático y no todo el verdín que genera se puede y debe limpiar. Cuando finaliza el verano, y antes de que el otoño entre en acción, la tarea que se hace es retirar el musgo superficial, que se ha secado a lo largo del estío. Para ello, se usan cepillos de cerdas naturales con los que se hace un ligero cepillado, de manera que el liquen continúe en la piedra protegiéndola de la erosión.

En el templo lucense no hay lugar para las escobas
En el templo lucense no hay lugar para las escobas

A mayores, los tejados de pizarra hay que barrerlos cada cierto tiempo para evitar que se degraden y que los restos se acumulen en los canalones. «Realmente é como un organismo vivo, hai que coidalo e darlle agarimo», receta el fabriquero, «cando o fas, o edificio é moi agradecido».

Hasta la fecha, en el histórico inmueble no han tenido que sufrir muchos problemas de humedades, solo alguno puntual, pero sí son conscientes de que a medio plazo habrá que cambiar la cubierta.

Aquí no hay lejías

Palabras como lejía o amoníaco están proscritas en el interior de la Catedral de Lugo, lo mismo que las escobas. «Están prohibidas!», dice Carnero sin contemplación. Y es que levantar polvo es lo último que se necesita en un edificio plagado de arte. Como mucho, desde que se comenzó la pandemia del coronavirus se permite echar mano de alguna escoba para recoger los papeles que caigan al suelo, pero en el interior, nada más. «Ata hai 15 ou 20 anos limpábase con serrín. As aspiradoras son recentes no edificio, pero imprescindibles. Aquí non podes varrer porque xerarías nubes de polvo que se adhiren ás superficies, e máis tendo en conta que a calefacción é por aire», desgrana.

Las herramientas de limpieza en el edificio son el aspirador y las brochas, y siempre sin olvidar que no se puede acercar la boquilla del electrodoméstico a una pintura mural, por ejemplo. Para limpiar la barandilla de bronce de finales del XVIII que luce el edificio, no hay margen para los limpiametales. «Límpase cun pano seco, brocha e aspirador para o polvo das ranuras, e nada máis. E, moi de vez en cando, cun pano moi escurrido cunha proporción de alcohol e moi pouca auga», describe Carnero. En el coro catedralicio, otra obra artística, el polvo se saca con brocha de pelo largo y suave y aspirador, y así una obra de arte tras otra.

El problema es que en un edificio como la Catedral de Lugo las alturas son importantes y en el trabajo diario es imposible alcanzar las partes más altas. Algunas necesitan andamiaje, por lo que cuando se hacen trabajos de restauración, intentan aprovechar para que quede lo más limpio posible.

«Realmente, aquí o que fas é limpar e que pareza que non limpas, todo ten que ir cun mimo exquisito», insiste el fabriquero de la Catedral de Lugo, cuyo gran objetivo es conservar para la posteridad el bello templo.

El equipo de conservación del templo sigue un protocolo estricto

Limpiar un bien que está considerado Patrimonio de la Humanidad y que alberga muchas obras artísticas requiere un protocolo muy definido. Cuando César Carnero asumió el cargo de fabriquero, hace diez años, creó un grupo de trabajo con otras tres personas que conoce al dedillo cómo debe ejecutarse cada tarea. Es fundamental, explica, para que no se cometan errores en el tratamiento de las obras y el edificio se mantenga en buen estado con el paso de los años.

El coro necesita una restauración urgente
El coro necesita una restauración urgente

«As pintadas e o vandalismo son a cruz que temos as cidades históricas»

Hace apenas unas semanas la Catedral de Lugo se daba de bruces con que en una de sus fachadas habían hecho varias pintadas. Tras una intervención que también generó cierta polémica, se retiraron, pero el disgusto que se llevaron en el templo, y especialmente César Carnero, fue notable.

«As pintadas e o vandalismo son a cruz que temos as cidades históricas como Lugo e os edificios deste tipo. Paréceme inconcibible que a estas alturas suceda isto. Unha agresión con estes produtos a estes materiais resultan moi dañinos», explica el fabriquero.

El coro, obra de Francisco de Moure, necesita una restauración urgente

Una de las maravillas que se esconden en la Catedral de Lugo es el coro del siglo XVII creado por Francisco de Moure. Un conjunto tallado en nogal que necesita una restauración con urgencia, ya que es un bien muy valioso que hoy necesita un importante trabajo de conservación. Más, cuando el próximo año estará de celebración. Cumplirá cuatrocientos años.

Pero restaurar un bien de estas características requiere una fuerte inversión, por lo que habrá que ver cómo se puede afrontar la intervención. En la Catedral también hay otros espacios que necesitan cuidados profundos, como puede ser la sacristía, diseñada por Domingo de Andrade, o el claustro, para e que la Xunta ya ha hecho una consignación presupuestaria.

«Hai quen pensa que unha catedral se pode iluminar como unha tarta»

Al traspasar las puertas de la Catedral de Lugo, uno se encuentra con un ambiente de recogimiento y vida. El edificio, el arte y también la iluminación cuentan, y es en esta última parte en la que César Carnero también pone el acento. «Hai quen pensa que unha catedral se pode iluminar como se fose unha tarta, e nada máis lonxe da realidade», defiende. «A iluminación ten que ser respectuosa co edificio e coas obras artísticas que hai nel, hai que coidar a súa conservación», explica. Además, a la hora de elegir el modo en el que se ilumina un templo, hay que tener en cuenta el estilo al que pertenece. «Non é o mesmo se fas unha iluminación para un edificio románico que para un barroco ou un gótico», apostilla el fabriquero de la catedral de Lugo, que concibe la iluminación como una vía para que los visitantes y los fieles conecten con el edificio y también con la espiritualidad que emana de él.

¿Cuánto cuesta mantener la Catedral de Lugo?

lorena garcía calvo
Mantener la Catedral de Lugo cuesta anualmente unos 150.000 euros
Mantener la Catedral de Lugo cuesta anualmente unos 150.000 euros

Anualmente supone unos 150.000 euros. Por ejemplo, los gastos ordinarios de calefacción, luz y agua rondan los 33.000 euros

Visitar la Catedral de Lugo es un regalo para los sentidos. Cada metro cuadrado de superficie rezuma historia y espiritualidad, y su reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad atestigua que se trata de un bien único. Pero, ¿cuánto cuesta mantener un templo con 800 años de existencia y arte en cada piedra y en cada repisa? La respuesta, a grosso modo, la tiene César Carnero, fabriquero de la Catedral lucense y un auténtico defensor del histórico edificio: unos 150.000 euros al año.

«Esta é unha catedral mediana que necesita uns 150.000 euros anuais, unha cifra que se pode considerar razoable para un ben que é Patrimonio da Humanidade», explica Carnero, que subraya que la clave para conservar y mantener en buen estado un edificio de este tipo está en el mantenimiento diario. Sin mimos y cuidados constantes, el inmueble podría sufrir deterioros difíciles de revertir y que, además, serían más costosos.

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