A un niño con coronoravirus


Querido pequeño, tu hogar y tus juguetes ahora son una rayuela con 50 baldosas de un hospital.

Te propongo que cierres los ojos y sueñes. Ves un cielo azul con una cometa multicolor ondeando al viento. De repente percibes la caricia de Mickey y Mini, de la Patrulla Canina, Pepa Pig y Bob Esponja con otros amigos que te suben a un parque de atracciones de Disney.

Recuerdas el calor, la protección y las casi taquicardias en el seno de tu madre, un nido al que siempre querrás volver. Puedes hacerlo, tienes libertad para que ese sea tu lugar de refugio cuando sufres.

No pierdas la felicidad, engaña la tristeza con tu imaginación, el pensamiento tiene un gran poder y es capaz de convertir lo espantoso en bello. No temas a la soledad, el Principito hablaba solo a las plantas baobab en su planeta cuasi desierto y dejó escrito un mensaje de humildad, sencillez y sabiduría.

El mundo está vapuleado por el coronavirus, pero la principal lucha es la soledad, no la muerte. García Márquez escribió para embrujar la ‘solitudine’ que dicen los italianos. Penélope tejió y deshizo su trabajo en espera de Ulyses muchas lunas.

Ahí tienes mis consejos para que tu confinamiento en el hospital sea más llevadero. Cuando abras los ojos haz una guerra de almohadas con otros niños, tus padres y tus amigos de los sueños. Con el plumón esparcido en tu entorno tienes material para construir un globo colorido y hacer una cesta con la cama.

Saldrás a volar y verás que la tierra es diminuta y que contra el dolor solo queda la ilusión.

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