Qué absurdo era mi valle


Abundando en los sucesos acaecidos hace un año en nuestro barrio de As Gándaras, traigo este otro a la palestra pues me viene como anillo al dedo y pone en evidencia el arte magistral con que legislan nuestros sátrapas.

Sé de un ciudadano que se lee la factura de la luz de arriba abajo. Y eso está muy bien; máxime teniendo en cuenta que este hombre es jubilado, padece de miopía y se tiene que ayudar de una linterna porque se la han cortado.

Nuestro hombre acaba de llegar de casa de sus hijos; domicilio al que se tuvo que exiliar con carácter preceptivo por presuntas negligencias del sistema. Cierto día, una tribu nómada de okupas decidió okupar el suyo y le reventó la cerradura. De regreso se encontró con la desfeita; y tras varias horas intentando negociar con el silencio por respuesta, resolvió okupar su propia casa porque así parece funcionar ahora el sistema. Pero un vecino amable, abogado en ejercicio, le informó del riesgo que corría de incurrir en un flagrante allanamiento de morada al no tener el título de okupa. Y como el hombre es muy demócrata con c y no con k que, salvo en vasco, no es lo mismo, decidió hacerle caso y emprendió el camino del exilio.

Ahora está de vuelta. Ni que pasara por allí el Hortensia. Valiéndose de su linterna, recorre la factura con la luz de arriba abajo, y cuando llega a la letra pequeña encuentra esto: «A la luz de un farol apagado leía un ciego un periódico sin letras en el cual decía: más vale morir que perder la vida». Desde mi ventana aquí en el alto le estoy viendo. Parece comprenderlo. Creo. Buenos días.

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