Otra decepción en Cáceres

Ricardo Hevia

LUGO

MARIO REY

En la variedad de referencias ofensivas radica uno de los mayores problemas del Leche Río Breogán

08 mar 2020 . Actualizado a las 16:59 h.

Cáceres no ha supuesto para el Leche Río Breogán la ansiada victoria que permitiese pensar que la exhibición frente al Carraminbre Valladolid iba a marcar el inicio de una línea de buen juego y regularidad. Curiosamente, a los tres excelentes partidos en el Pazo, frente a Leyma, Ourense y Valladolid, siguieron tres derrotas que cortan de cuajo cualquier progresión en la tabla que dejan en suspenso la ansiada recuperación e incluso aumentan las dudas que planeaban sobre este equipo, cuya lucha inmediata apunta más a conseguir entrar en el play-off, con el factor cancha a favor, que a cualquier otra ilusión.

El Cáceres jugó con dos ausencias, la del segundo base Aitor Zubizarreta y la del exbreoganista Rakocevic. Este último, castigado por su entrenador por motivos disciplinaros. Y no eran ausencias de poco peso. El primero, una roca físicamente, es un perfecto complemento de Ricardo Uriz, y Rakocevic es una pieza muy importante en el conjunto extremeño.

El Leche Río Breogán empezó como un tiro, con un acierto descomunal desde el triple: 7 de 10. Cuando se normalizaron los porcentajes y Soluade cometió la tercera falta personal, el partido dio un vuelco. Ricardo Uriz dejó de sufrir en defensa y pasó a ser una tortura. El resto ya se sabe. Poco a poco nos fueron comiendo. Y si en Lleida y en Madrid, ante el Canoe, salió cara, aquí salió cruz. En el último minuto y 20 segundos no se movió el tanteador, permaneció invariable en el 77-76, y el último intento sobre la bocina fue de Sergi Quintela, buscando una penetración con el corazón, pero sin resultado. Los dos tiros anteriores fueron de Powell. En Madrid, el triple victorioso fue de Soluade, y en Lleida, de Ahonen. En esa variedad de referencias ofensivas radica uno de los problemas del equipo. Escaleras arriba en el Pazo, es decir, en las oficinas, se van acabando las disculpas. ¿Quién diseñó esta plantilla? Cuando se han hecho cambios, ¿qué objetivos se perseguía? Lo que no perdona es el paso del tiempo y los errores cada vez hay menos margen para corregirlos. Hay cosas tan evidentes que parece imposible que quien manda no las detecte.