«¡E se chove, deixa que chova!»

Lorena García Calvo
lorena garcía calvo LUGO / LA VOZ

LUGO

Ni la lluvia de la tarde puede con un festival en el que un público entregado desempolvó los chubasqueros

21 sep 2019 . Actualizado a las 22:03 h.

El otoño no quiso perderse el último gran festival del verano, y la lluvia, aunque con treguas, acabó colándose en un Caudal Fest que congregó a más de 30.000 personas y que vibró a base de chubasqueros, ganas de fiesta y música de la buena. Una ecuación casi perfecta que generó un ambiente cien por cien festivalero.

El sábado amaneció tarde en la zona de acampada a orillas del Miño. La noche anterior había sido larga y en muchos todavía perduraba la resaca musical (y de la otra) de las actuaciones de Marea, La M.O.D.A. o La Pegatina. Como los conciertos de ayer no arrancaban hasta media tarde, entre los que decidieron pasar la noche a orillas del Miño hubo quien aprovechó los autobuses para acercarse hasta el centro a comer, dar una vuelta y hacer turismo, mientras otros se buscaron la vida para pasar el rato. Unos prolongando las horas de sueño, otros cartas en mano y otros muchos recobrando fuerzas con tentempiés de toda condición. Desde las socorridas bolsas de patatas fritas hasta las fiambreras rebosantes de ensalada de pasta. Que para aguantar todo el cartel hace falta energía.

Para cuando los ritmos roqueros de Agoraphobia levantaron el telón de la segunda jornada, los chubasqueros ya eran la vestimenta oficial del festival. Pero eso no amedrentó a una parroquia que poco a poco fue recuperando sus puestos ante los escenarios del Caudal.

Con un ojo en el cielo y otro en el escenario se plantó bajo los focos un Xoel López que desgranó lo mejor de su repertorio ante un público con ganas de disfrutar de la música de gente como Beret, Izal o Carolina Durante. «¡Hay muy buen ambiente», insistían entre los parroquianos, llegados desde toda Galicia y más allá, y entre los que había gente de todas las edades dispuestas a que la amenaza del cielo nos les empañara una noche que se presentaba movida.

Porque como la música puede con casi todo, a medida que la tarde fue avanzando y el cartel crecía, la lluvia pasó a un segundo plano. ¿Quién se acuerda del mal tiempo mientras Beret rapea poesía o Izal musica sus historias? Además, como proclamaban a voz en grito delante del escenario principal, «¡e se chove, deixa que chova!».