Así fue la generación del 68 en el Sagrado Corazón

Tras cumplir medio siglo de vida, estos compañeros realizaron una comida de confraternización


lugo / la voz

La generación de 1968 del Sagrado Corazón acaba de cumplir medio siglo de vida con cientos de historias de todo tipo surgidas en la gran manzana de ese barrio obrero de viviendas sociales. El grupo de jóvenes maduros de esa etapa ya realizó con éxito dos comidas de confraternidad.

La mayoría de las familias del barrio eran humildes, pero, en contraposición, el colegio y la educación resultaban óptimas y el alumnado llegaba al instituto con una gran preparación.

De ese grupo de estudiantes surgió uno de los mejores clubes de balonmano de la provincia, sin desmerecer a los Maristas. Aún ahora los veo pivotar en la línea de siete metros, aleccionados por el profe. El Cilindrín, un enamorado del deporte. Allí estaba Fifí, Bergantiños, Jesús Pico de interior o pívot con un brazo de acero y Tino de extremo volando. Fifí es quizá la persona que más destacó del grupo y está en el equipo gestor de Inditex, al lado de Pablo Isla, y responsable del grupo de Zara en Estados Unidos. Me lo contó Richi, otro gran empresario y amigo íntimo de Bergantiños.

Aventuras hasta los 14

Los chicos y chicas del Sagrado Corazón permanecíamos en él hasta los 14 años, donde se elegía entre Bachillerato o Maestría. Fueron los años de los primeros amores y, en grandes rasgos, la mitad de los chavales del cole estábamos por Nuria Cal y la otra mitad, en la que también me incluyo, por Susana Copa, aunque todas las jovenzuelas tenían el atractivo de la juventud: Doloriñas, Sara Buide, Cari, María José Lodos, Piti, Susana Corujo, Nancy Prieto, Cando Pin, Laura Dadín y todas, perdón a las que excluyo por falta de memoría. De ese grupo salieron abogados, Rebaldería, pintores, Manuel Puente, muchas profesoras, casi todas las chicas, bomberos, Tino, pasantes de notaría, Jesús Pico, el director de producción de la planta maderera de Nadela, Javier Rancaño, apreciados comerciales, como Jesús Perez y, en definitiva, un grupo de cerebritos que se ganaron un porvenir.

En la vida de patio del Sagrado Corazón, en los momentos de ocio, había dos actividades muy diferentes que hacer: jugar en el patio o ser un gamberro.

En Burozos mataron con un arma recortada a un exlegionario poco recomendable en un transformador de la luz sin servicio, utilizado como cabaña de los más fuertes. Se denunciaron violaciones, aunque, que yo sepa, nunca se probaron.

La relación entre los vecinos del Sagrado Corazón era muy cercana, de forma que una enfermera del portal 30, 5ºC, ponía inyecciones a una señora mayor del tercero o de donde fuese. Del mismo modo un matrimonio con un hijo acercaba a otra familia en un SEAT 850 a la aldea. En el Sagrado Corazón vivió Quike Bordell y su familia y los lugares de reunión de los amigos eran los exteriores de la pastelería, las gradas de la pista deportiva o los soportales cercanos, por un lado, al gimnasio y, por otro a dirección.

El director era el Huevo, perdonen pero no me acuerdo del nombre de pila, muy serio y responsable. Religión la impartía la Luisa, con mala leche, pero la asignatura era una maría. Matemáticas la daban Peña y Fraiz, un gran tipo que aún disfruta con sus amigos de la jubilación tomándose unos vinos en la Pulpería Aurora. Peña también era buena persona, pero con úlcera de estómago que le estropeaba un buen carácter. Se le ve pasear por Lugo al cuidado de su mujer y sus dos hijas, ambas licenciadas en Ciencias. Literatura era cosa de Azucena, una monja secular, como Berceo, fácil de llevar y a la que muy pocos estudiaban.

Historia era cosa de Rancaño, padre de mi compañero Rancaño, que daba bastantes apuntes cada día. Yo nunca estudiaba antes de las siete por hacer deporte en el patio o un poco antes cuando se oía en toda la zona: «Froilancito a merendar», gritaba mi madre desde la ventana y, si no iba, bajaba con la zapatilla. Los exámenes de Historia con Rancaño como profesor siempre eran matrículas, pues con memoria visual largaba al pie de la letra todo lo que leía. Otros profes eran Mari Carmen en francés, un lector en inglés y alguno otro que me dejaré en el tintero.

Una reunión tras 50 años

La unión del grupo después de 50 años fue idea y mérito de Tino, que dedicó tiempo a superar la ley de protección de datos del colegio. En la primera cena el año pasado todos lucieron camisetas de: “La vida empieza a los 50. El nacimientos de las leyendas”.

No se puede hablar del Sagrado Corazón sin mencionar a José Antonio Cruz Lago, una persona encantadora con una empatía e inteligencia emocional envidiables. Montó con Lastra una tienda de moda y hoy es un reconocido profesor de arte en el Ramón Falcón. Como artista ha hecho varias exposiciones. La cara opuesta de la suerte la tuvo Louzán, el Lobo, hijo de una familia desestructurada que se dedicó al ocio más desdeñable hasta morir joven. No sigo porque prefiero que vean las fotos de una generación genial, una piña que se quiere.

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