«A hostelería, se che gusta, é fantástica»

José Ferro, con 38 años de experiencia en el sector, reabre el mítico mesón O Candil


lugo / la voz

El mítico mesón pulpería O Candil, en la Praza do Cantiño, tras estar cerrado unos días por la jubilación de Víctor, su responsable en los últimos siete años de la cincuentenaria historia del negocio, reabrió esta semana las puertas con el mismo estilo, fiel a las raciones caseras a base de pulpo, zamburiñas y tortillas. ¿Para qué cambiar si este mítico local de la hostelería lucense funciona?

El nuevo gerente conoce bien O Candil. Se trata de José Ferro, natural de Antas de Ulla, y que en los últimos dos veranos echó una mano a Víctor, que cuando se jubiló le propuso quedarse con el local. José ni se lo pensó. Con 38 años de experiencia en la hostelería lucense se animó a coger un negocio con una fama bien ganada. «Aquí chegan os peregrinos sabendo a que veñen, traen referencias do polbo, dos pementos de padrón, das tortillas...», señala este lucense que comenzó en 1981 en otro histórico negocio de la ciudad, el Sevilla, para luego pasar por el Dólar, donde coincidió con su maestro en el sector: Evaristo y su mujer Lucita, que luego trabajó en El Verruga.

«O que sei na hostelería débollo a Evaristo, era un xefe educado e que se tiña que darche unha explicación era ao rematar a xornada e en privado». Fue el quien precisamente le dio el mejor consejo en sus 38 años de profesión: «Un día un cliente non paraba de vacilarme e Evaristo díxome ‘usted ten que saber poñer ao cliente no seu sitio’, e así foi e apliqueino». Ferro vivió en su larga trayectoria numerosas anécdotas con clientes, de los que algunos acabaron siendo amigos suyos. «Somos psicólogos, porque tes que coñecer a forma de ser de cada persoa», destaca.

Del Sevilla al Dólar

Precisamente, José Ferro considera que hubo un cambio para mejor en la clientela y en los negocios de hostelería de la ciudad. Tras su paso por el Sevilla y el Dólar en 1983 fue propietario del Teixeira, en la avenida da Coruña, y luego en Garabolos del Feimo, para después recalar año y medio en O Candil, del que se hace ahora responsable. «Viñen para facer un verán e xa ves, gustoume a clientela, un lugar tranquilo e no que te sentes cómodo», señala como claves para recoger el guante de un negocio que puso en marcha en 1968 Pepe de Covelas y su mujer María.

José Ferro explica que la hostelería en las últimas cuatro décadas ha vivido una transformación por la manera de entender el ocio de las personas y por la incorporación de la mujer en la vida social. «Cando eu empecei, nos oitenta, era raro ver a unha muller no bar. Era todo homes que só tomaban tintos cosecheros, botaban a partida, e seguían cos viños. Co tempo cambiou todo ata chegar agora que tes unha clientela variada, que pide todo tipo de consumicións e que vén aos bares a gozar en familia ou en compañía dos amigos».

Cuándo se le pregunta si hoy es más rentable un negocio de hostelería que hace 40 años, claramente responde que sí, para a continuación dejar claro que la hostelería en la actualidad requiere más trabajo para ganar dinero porque aumentaron los gastos. «Antes non había tantos beneficios porque tampouco gastabas moito, era só viños e viños que non deixaban nada, pero hoxe se traballas, os negocios funcionan ben».

Y eso que cada vez los locales del centro tienen que hacer frente a más gastos, entre ellos los alquileres: «Eu sempre digo que as rentas son altas ou baixas en función do que gastes», pero quizás es otra idea la que hace mover el futuro de un negocio y que el la tiene clara: «Se che gusta, a hostelería é fantástica. Eu non me vexo fóra dela».

«O Cantiño é unha praza que en canto sae o sol xa se enche de xente»

José Ferro reconoce que «nunca me gustou a noite para traballar na hosterlería» pero que en cambio dar el salto de un bar de barrio a uno del centro como O Candil no le importa por la idiosincrasia de la Praza do Cantiño: «Aquí en canto sae o sol xa se enche a praza de xente». Valora que sea un lugar tranquilo, «como un recuncho de paz, para estar relaxado e sen barullo». Y destaca que trabajar con la clientela que acude a los dos negocios que hay en la plaza «é fantástico, con clientes fieis ao negocio de toda a vida, turistas, peregrinos, familias ou grupos de amigos que evitan o barullo doutras zonas»

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