Un niño ciego espera el fin de una obra para poder usar la acera

maría m. guntín / s. v. LUGO / LA VOZ

LUGO

OSCAR CELA

En la calle Outono llevan una década pidiendo soluciones para enderezar el desnivel del pavimento

08 ago 2018 . Actualizado a las 21:37 h.

Los vecinos de la calle Outono, en Fontiñas, llevan más de diez años pidiendo al Concello que busque una solución para la acera, cuyo peralte impide que los viandantes bajen la empinada cuesta de una forma segura. Luisa y Ricardo viven en la zona y tienen un niño de tres años, Erik, que tiene una discapacidad visual. Desde que el pequeño nació se han visto obligados a bajar con el carrito por la carretera, después de salir por el garaje, ya que el edificio carece de rampa accesible. Si caminan por el pavimento «el carrito ladea y vuelca, tuvimos que llevar al niño a urgencias por el golpe que se dio», explican los progenitores.

OSCAR CELA

Actualmente, la calle está en obras, aunque hay quien piensa que no servirán porque el problema también lo ocasiona la caída del agua, que cuando llueve baja en cascada por las escaleras que están situadas en la parte superior de la calle. «Es demasiada caída como para arreglarlo con una zanja como la que están haciendo», explica otro de los afectados. De momento, habrá que esperar para ver los resultados.

Cuando llueve, «son los vecinos y los comerciantes de Fontiñas los que levantan las alcantarillas porque se inunda todo», explica la pareja.

Recursos inutilizados

Para que el Concello se parase a escuchar a los vecinos ha tenido que pasar más de una década. Luisa y Ricardo han presentado el certificado de la discapacidad de Erik, lo que probablemente habrá marcado el punto de partida para las obras. En la parte superior de la calle Outono hay una franja de hierba mal conservada y llena de basura que probablemente sería la mejor solución para el problema del desnivel. Las escaleras podrían sustituirse por una rampa que abarcase todo el ancho de la calle, que no tiene salida. Así sería posible igualar el nivel de la acera desde la parte superior de la rúa hasta llegar a la Ronda de As Fontiñas.

Ricardo explica que tuvieron una reunión con el concejal de Educación e Infraestructuras Urbanas, Manuel Núñez López y que, tras presentar el certificado de Erik, el Concello accedió al fin a empezar las obras. «Yo me caí dos veces estando embarazada en esta calle», declara Luisa.

Más problemas en Fontiñas

Erik no va al Centro de Salud de Fontiñas, que sigue esperando por su elevador, cuyo único indicio es un cartel instalado en unas escaleras cercanas. Debido a la empinada cuesta, que provoca numerosas caídas durante todo el año, Luisa y Ricardo lo llevan al del Sagrado Corazón.