Explotados en Samos: «Yo dormía en el suelo y Nico entre ratas muertas y sin poder usar el váter»

TANIA TABOADA LUGO / LA VOZ

LUGO

ÓSCAR CELA

El hombre denunció que no disponían de derechos laborales y asistenciales y que vivían en una situación inhumana

24 abr 2018 . Actualizado a las 11:03 h.

Jhon Henry Hincapié, de 44 años de edad, es uno de los tres colombianos que trabaja en una granja porcina de Samos y cuya propietaria fue detenida por la Policía Nacional por explotación laboral. Este hombre fue quien acudió a la comisaría de la Policía Nacional de Lugo para denunciar lo que sucedía en la granja, donde empezó a trabajar el día dos de noviembre de 2017. «Denuncié a mi jefa por explotarme y porque no me arreglaba los papeles. Ella me dijo que no me preocupara, que me los arreglaría, pero me mintió y no lo hizo, a pesar de advertirle que no los tenía. Estuve en España en el año 2016 pero mi padre se puso muy enfermo y tuve que regresar a Colombia. En ese año y medio que estuve allá, me venció la tarjeta», explica este hombre.

Fue a partir de su denuncia, cuando la Brigada de Extranjería abrió una investigación y que acabó con la empresaria detenida e investigada por un delito contra la trata de seres humanos con fines de explotación laboral y un delito contra los derechos de los trabajadores. Tras pasar a disposición del Juzgado de Instrucción de Sarria, la mujer quedó en libertad. Ayer se encontraba en la granja porcina. En un primer momento hizo declaraciones a este diario y negó los hechos. Al rato, pidió como favor que no se publicara su versión.

Siguiendo el relato del denunciante, este explicó que los tres colombianos residen en una misma vivienda que se encuentra en la granja, pero un cuarto trabajador, natural de Pontevedra y que dejó la empresa el viernes, residía en otro espacio, también en la granja, pero que se encontraba todavía en peores condiciones. «Yo dormía en el suelo y Nico entre ratas muertas y sin poder usar el váter. Vivíamos en condiciones inhumanas e insalubres. No tuve calefacción durante el invierno y dormía en el suelo porque la cama era muy mala. Tampoco tenía mantas. En la habitación de Nico, el compañero de Pontevedra, no se podía usar el váter porque las tuberías no desaguaban y había ratones muertos..», narra.

Este hombre se siente explotado y espera irse cuando se esclarezca todo. «Nuestra jefa trabaja de boca, ella solo manda. Empecé trabajando en las parideras y destetes y ahora estoy en gestación. Habrá unos 15.000 cerdos. Trabajo desde las 7.30 horas hasta las 13.30. Por la tarde, de 16.00 hasta las 20.30-21.00 horas. Cobro mil euros y solo tengo el sábado libre», cuenta este trabajador, que explica que llegó a la explotación por medio de otro chico y que los otros dos colombianos, uno es mayor que él y el otro menor y su hijastro.

Animales muertos

El denunciante también indicó que la propietaria de la explotación tiraba los cerdos que morían al nacer y las placentas en una finca situada en la parte de abajo de la granja, una zona acordonada actualmente.