La fiesta del fútbol se pintó en blanco y rojo

LUGO

Cientos de aficionados del Sporting de Gijón ambientaron la zona centro a pesar de la lluvia y del frío

21 ene 2018 . Actualizado a las 12:21 h.

Rugieron las gargantas en Lugo antes de que el balón echase a rodar. Compartiendo los colores, la pasión por el fútbol y las ganas por atesorar los tres puntos, el espectáculo estuvo servido horas antes del partido.

Aunque el club envió 1.400 entradas a Gijón para los seguidores asturianos, muchos más poblaron ayer el Ángel Carro que registró ayer la mejor entrada de la temporada. Si con Osasuna 4.664 espectadores acudieron al estadio a orillas del Miño, ayer 6.498 almas travistieron el recinto lucense para convertirlo en un mini Molinón.

Cerca del mediodía, los aficionados del Sporting empezaban a salpicar la ciudad. Camuflados por la lluvia y el frío, solo las bufandas y las camisetas sobresaliendo por los bajos de los abrigos delataban a la Mareona. Un autobús de Villaviciosa se detenía en el Gran Hotel cerca de la 13.00 y de él descendían medio millar de asturianos dispuestos a pasar la noche. Llegando a Horta do Seminario, otro autocar de Langreo tomaba la curva en dirección a la estación.

«Hala Sporting», se saludan dos desconocidos al cruzarse, identificándose por sus bufandas como simpatizantes del mismo equipo. La multitud es creciente conforme se avanza hacia el centro. Continúa lloviznando, pero en la zona de vinos conviene cerrar el paraguas para avanzar.

«Este año no esta siendo como otros, pero también es pronto, seguro que en una horita el ambiente es otro», comenta un hostelero de Rúa Nova, con sus esperanzas puestas en el mediodía. El albariño y la Estrella Galicia es lo más demandado por los sportinguistas que aprovechan para sacarse fotos en la Praza do Campo mientras otros entonan: «Ahora sí, puedo decir, que el Real Sporting es mi forma de vivir».

Aunque eran mayoría los que lucían escudo del Sporting, alguna bufanda del Lugo se colaba tímida entre tanto rival. Los colores de ambas hinchadas se mezclaban por los bares como los propios aficionados.