El Lucus Augusti tuvo desde su inicio escolares premiados por su alto rendimiento académico
25 dic 2017 . Actualizado a las 11:05 h.Las efemérides son un buen aliciente para el recuerdo y una de las que debe rememorarse en estos días es la que hace referencia al 175 aniversario del Instituto provincial de Lugo sobre el que, en otras páginas de este mismo periódico, ya comentamos las circunstancias de su instalación. Ahora, merece la pena prolongar el evento resaltando algunos aspectos de una larga existencia y del impacto social que sus personalidades y actividades significaron para la ciudad y la provincia de Lugo. En este caso vamos a limitar nuestro ámbito cronológico a poco más de un siglo, es decir al período que va desde los años cuarenta del siglo XIX a la misma década del XX, que son aquellos en que propiamente se puede hablar de Instituto provincial, ya que el franquismo impondría la separación de sexos y por lo tanto la aparición, en los años cuarenta del siglo XX, de un Instituto Masculino y otro Femenino, lo que -salvado el precedente del instituto local ribadense- sería el comienzo de una creciente diversidad de centros públicos por toda la provincia.
Como el objetivo último de la enseñanza debería ser la formación de los estudiantes, en esta ocasión nos vamos a acercar a algunos de los alumnos ilustres que tuvo aquel centro, valorando no tanto las trayectorias personales o profesionales que hubiesen podido tener posteriormente y por las que fueron reconocidos, sino más bien su rendimiento académico durante su estancia en el Instituto lucense. Como podremos comprobar tras estos apuntes es evidente que el centro no promocionó precisamente un monolitismo ideológico, ya que de esas aulas salieron alumnos con ideales monárquicos y republicanos, conservadores y comunistas, sindicalistas y nacionalistas.
Esfuerzo premiado
Desde los primeros momentos conocemos bastantes nombres de escolares que son premiados por su rendimiento académico, incluso durante el período en que estuvo el centro asentado en Monforte bajo la protección del duque de Alba. La Memoria de 1859 nos menciona a varios estudiantes que destacan en diversas asignaturas, como
Juan Gómez Sánchez
y
Ramón Casanova y Casanova
en la materia de Latín y castellano, o a
Ramón Fernández Rodríguez
y
Eulogio Ledo Salgado
en la de Lengua francesa. Eran aquellos unos tiempos en que se imponía un riguroso modelo de maniqueísmo escolar y en el que con premios o castigos se correspondía literalmente la actitud y aptitud de los alumnos. Más conocido para los lucenses es, seguramente, el nombre de
Ramón María García Abad
que terminó el bachillerato en el Instituto monfortino y cuyos méritos como clérigo y como humanista le propiciaron el sobrenombre de Apóstol de Galicia.
Con el traslado a Lugo en 1862 habrá nueva localización y nuevos estudiantes, entre los que destacaron por su rendimiento académico algunos que luego desempeñaron importantes papeles en el último tercio del siglo XIX, como Dimas Corral y Aller, hijo de Dimas Corral Rebellón médico y periodista que llegó a ser uno de los directores del primer periódico lucense La Aurora del Miño; su descendiente estudiaría en las provisionales aulas cedidas por el Ayuntamiento y, más tarde, heredaría la profesión del padre y se convertiría en un prestigioso médico militar. Algo más jóvenes eran otros escolares como el futuro publicista republicano Telesforo Ojea y Somoza o el químico José Rodríguez Mourelo.
Otro significado alumno de los años setenta, cuando el centro estaba instalado ya en dependencias del Palacio provincial, fue Amador Montenegro Saavedra, hijo del alcalde de Lugo Siro Montenegro López, y que tras su paso por el Instituto lucense sería un destacado dirigente agrarista y cofundador en 1889 del diario A Monteira, la primera publicación lucense redactada íntegramente en gallego.
En las últimas décadas del siglo XIX, entre los menos de doscientos alumnos que estudiaban en aquellos momentos en el Instituto, figuraban algunos que merecen recuerdo, como Plácido Ángel Rey Lemos, futuro obispo de Lugo y de Jaén, Antonio Correa Fernández, un ilustre médico, higienista y escritor, autor de títulos tan significativos para conocer nuestra provincia como la Topografía médica de la provincia de Lugo o la Historia fin de siglo, y además padre de Evaristo Correa Calderón también alumno del centro algunas décadas después. En las mismas aulas finiseculares del Ayuntamiento y luego de la Diputación, estudió su colega Jesús Rodríguez López, autor del libro Supersticiones de Galicia, y con ellos Emilio Tapia Rivas, más tarde abogado, presidente de la Diputación y periodista director del diario conservador El Norte de Galicia.
Del siglo XIX al XX
En la transición de los dos siglos, el centro lucense acogería a escolares tan conocidos y polifacéticos como
Antón Vilar Ponte
, figura insigne del nacionalismo gallego,
Manuel García Blanco
, señor de Pambre y profesor del Instituto,
Prudencio Iglesias Hermida
pródigo autor de novelas de aventuras, el periodista
Antonio de Cora
o el futuro militar
Jesús Manso Rodríguez
.
*Antonio Prado Gómez
es doctor en Historia. Catedrático jubilado del IES Lucus Augusti.
El centro no promocionó el monolitismo ideológico