Palencia cumplió su parte del trato. Fue una buena piedra de toque, vaya si lo fue. Llegó en el momento oportuno para dejar claro que todo va muy bien, pero el susto está en cualquier esquina. También es verdad que tanto Burgos como Palencia están en ese selecto grupo que da un buen nivel. Luego están los esforzados que, apenas sin recursos, hacen lo que pueden. Asusta leer y escuchar lo que juega detrás de este Breogán. Menos mal, estoy seguro que los jugadores y el entrenador son mucho más moderados. Todo pinta color de rosa, pero habrá que currárselo como en la última jornada.
Es curioso, pero en la quinta jornada aparece un duelo entre invictos. Solo quedan dos, nuestro Breo, el que tanto ilusiona, y el sorprendente Lleida, hace unos meses había descendido y está aquí colándose por esa puerta falsa de la imposibilidad material del ascenso a la ACB. Llega imbatido, con dos victorias fuera de casa de tronío: Burgos y ese Palencia que fue una tortura. A lo mejor dentro de unos meses baja el pistón, pero ahora mismo está jugando de cine y querrá prorrogar el idilio con la felicidad. Para el Breogán, el primer examen serio lejos del Pazo. Logroño y Cáceres fueron una novillada sin picadores. Está claro que nada decisivo se va a jugar, pero sí un golpe de autoridad. La victoria en el Barris Nord cotiza fuerte en bolsa. Si todas las miradas apuntan al Breo como gran favorito al ascenso, el triunfo esta tarde solo haría confirmar esos pronósticos. Pero, lo más importante, cuando la meta está tan lejos, jugar bien, seguir sólidos e intensos, y, si es posible, aplicarse un pelín más en defensa.