Se cumplen 20 años en los que la barbarie, la incultura y la especulación hicieron desaparecer el Gran Teatro, una de las pocas joyas de la arquitectura racionalista en Lugo. Aun tengo en el recuerdo mis primeras asistencias a películas desde el gallinero, a donde íbamos los chavales con pocos posibles; luego su entresuelo, su patio de butacas y su enorme proscenio que los rapaces de los Maristas conocíamos por la fiesta anual que allí celebrábamos. En él escuché a Jorge Cafrune con su inseparable Marito; vi representaciones de teatro, desde alguna de las comedias bárbaras de Valle-Inclán hasta el estupendo monólogo de Cinco horas con Mario de Lola Herrera. Allí disfruté hasta que unos desalmados se propusieron tirar con un vestigio de nuestra cultura más próxima en cuanto a arquitectura se refiere, aunque más bien se podría pensar que existe un subconsciente que obligue a un sector de lucenses a la destrucción de nuestra historia y cultura.
Ahí tenemos ejemplos de muerte bajo piqueta especulativa en los cines ?España?, ?Central Cinema?, ?Kursal?, ?Paz?, ?Victoria?, o el viejo edificio de Barras Eléctricas, en la Praza do Ferrol, para dar paso a unos bloques impresentables, homogéneos y sin personalidad. Incluso a los denominados conservadores, cuando mandaban en la Xunta, y siguen haciéndolo, no les tembló el pulso para derrumbar el convento de las salesas y poner en su lugar ese mamotreto del Multiusos. Ahora, lo último que tenemos para ofrecer es el antiguo Cuartel de San Fernando. ¿Qué hacemos, lo dejamos caer o lo tiran ustedes? Ya me dirán.